PACTO DE CAÑUELAS (24/06/1829)

Poco después de ser derrotado por Juan Manuel de Rosas en el Combate de Puente de Márquez (26 de abril de 1829), la posición del general Lavalle se había hecho insostenible por varias razones (incluyendo la ejecución de Dorrego), pero fundamentalmente porque se persuadió que la gran influencia que Rosas tenía en la campaña, hacían muy difícil que pudiera batirlo. Comprendió entonces que era vano prolongar la lucha contra las fuerzas de la federación y no queriendo contribuir a que se derramara inútilmente más sangre argentina, contando con el apoyo del partido unitario, el general Lavalle decidió pactar con el enemigo y a estos efectos se dirigió hacia Cañuelas, donde el coronel Rosas, había instalado su cuartel general, El 16 de junio de 1829, se entrevistaron ambos jefes militares en la estancia de Miller, en Cañuelas, ajustando entre ambos, los contenidos preliminares de un tratado de paz que pondría fin a la guerra que enfrentaba a la provincia de Buenos Aires con las del interior. Días después, el 24 de junio de 1829, en un esfuerzo para establecer la paz, poner término a los disturbios políticos,  restablecer el orden y afianzar el gobierno civil, se celebra el “Pacto de Cañuelas” (también conocido como “Convención de Cañuelas”) entre el general Juan G. Lavalle, gobernador provisional y capitán general de Buenos Aires y el coronel Juan Manuel de Rosas, comandante general de campaña, acordando que Rosas quedara a cargo de la campaña y Lavalle de Buenos Aires. Decidieron además restablecer las relaciones normales entre la ciudad y la provincia de Buenos Aires, proceder inmediatamente con las elecciones de representantes de la provincia de Buenos Aires con arreglo a la ley, para que éstos designen un gobernador. Tan pronto como éste fuera elegido, ambos generales volcarían sus fuerzas en su apoyo, comprometiéndose ambos a someter las fuerzas de la ciudad y de la campaña al nuevo poder elegido

El gobierno de la provincia de Buenos Aires,  debía restituir al ejército de Rosas los gastos por éste incurridos y cada oficial debería ser confirmado en su rango y sus derechos personales asegurados. Por medio de este documento, además, ambos firmantes garantizaban que no se perseguiría a nadie por las opiniones que hubieren sustentado antes de la firma de la convención celebrada entre ambos jefes y se autorizaba a Rosas para que, en su calidad de Comandante general de campaña tomase las medidas que juzgare necesarias para garantizar en ella la tranquilidad hasta la instalación del nuevo gobierno. Este tratado no mereció la aprobación de los amigos de Lavalle, porque no contenía ninguna cláusula que les favoreciese, mientras que Rosas aumentaba y afirmaba por este medio, la autoridad y prestigio de que ya gozaba en la campaña. Finalmente, después de un intento fallido y un nuevo pacto, estas condiciones fueron puestas en práctica unos pocos meses más tarde, pero las esperanzas de Lavalle respecto de una paz permanente fueron apenas cumplidas: hacia fines de 1829, Rosas era el nuevo gobernador, comenzando así su prolongado régimen, mientras que Lavalle era un exiliado, odiado por haber hecho ejecutar al anterior gobernador Dorrego.

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  1. Anónimo

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