LAS INVASIONES INGLESAS AL RÍO DE LA PLATA (1806 …)

LAS CAUSAS
Las causas que indujeron a los ingleses a atacar Buenos Aires han sido motivo de profundos análisis cuyas conclusiones nos dicen que  varias fueron las razones que indujeron a la corona británica, a tratar de apoderarse de las colonias que España tenía en la América descubierta por Colón en 1492.

Fueron ellas en primer término, que las enormes riquezas de las colonias españolas en América, despertaron la codicia del viejo mundo, e Inglaterra, con su ancestral historia de piratería a cuestas, rápidamente se apercibió de los ingentes beneficios que podría obtener si se apoderaba de ellas, aprovechando lo endeble, casi insignificante, de las defensas desplegadas por los españoles en Buenos Aires y Montevideo, para defender sus posesiones (creídos como lo estaban de su invunerabilidad, dado el dominio absoluto de los mares, que ejercían en esa época), exponiendo así una prenda de gran valor que estimulaba la vocación pirata del gobierno inglés.

En segundo lugar, la necesidad de apoderarse de la gran abundancia de lana, trigo, harina, cuero, crines, sebo, etc. que se producía en Buenos Aires, elementos esenciales para la subsistencia del pueblo inglés, agobiado por el bloque que les había impuesto Napoleón I.

En tercer lugar, las perspectivas que ofrecía para activar su comercio exterior, la posesión de estas tierras, un mundo de gente lleno de necesidades y hasta ese momento, obligado a un comercio monopólico con España.

El dominio de estas tierras era vital para volcar a su favor el destino de la guerra que sostenía con España, ya que eso le permitiría privarla de los ingentes recursos que obtenía, no sólo provenientes del Río de la Plata, sino también los que llegaba desde Chile y Perú, obligadamente despachados desde el puerto de Buenos Aires.

Revertir la situación de escasez y hambruna que amenazaba sus posesiones en la Colonia del Cabo, cuya conquista definitiva acababa de verificarse.

Y finalmente, algo que imponía una pronta decisión para concretar esta expedición: Acababa de llegar a Buenos Aires, la nave “El Situado”, procedente del Perú, transportando los caudales  de la Real Compañía de Filipinas, tres millones de pesos fuertes, que debían ser llevados y que eran una presa que estimuló la codicia de los ingleses.

Y si fuera necesario aportar más evidencias para abonar esta conclusión, baste saber que una de las primeras medidas que tomó POPHAM, luego de tomar la ciudad de Buenos Aires, fue apoderarse de 1.438.514 pesos fuertes que había en las cajas fiscales y que, sin razón ni justicia, consideró botín de guerra. Una parte de estos caudales se empleó en pagar los gastos de la expedición; otra, según voz corriente entonces, fue repartida entre Beresford y Popham y el resto fue mandado a Inglaterra en la nave capitana de la flota invasora, “Narcissus”, junto con un pedido de refuerzos que se consideraba necesario para mantener en su poder la Plaza conquistada.

Este dinero fue entrado en Londres y conducido al Banco con solemne pompa, en carros tirados por seis caballos, teatralmente adornados; el primero, cubierto con la bandera tomada en el fuerte, ostentaba varias banderolas con las siguientes inscripciones: “Tesoro, Beresford, Popham, Buenos Aires, Victoria”. En el segundo, iba la bandera de la milicia provincial, tomada sin combatir. Precedían y seguían al convoy dos destacamentos de los marinos que habían ocupado a Buenos Aires y dos cañones de los tomados en Quilmes.

DISPOSITIVO MILITAR DEL VIRREINATO EN 1806
En 1806, la aventura inglesa en estas costas, puso de manifiesto la acusada debilidad del sistema defensivo rioplatense. Para comprender lo fácil que les resultó llegar a su objetivo, casi sin disparar un tiro, es necesario recordar cuál era el dispositivo militar con que Buenos Aires contaba al iniciarse la invasión y para ello comenzaremos diciendo  que  las fuerzas organizadas para la defensa de los territorios del Río de la Plata las constituyeron desde el principio las milicias formadas con los pobladores, a las que se agregaron, en el siglo XVIII unidades veteranas. Por lo tanto, las tropas que disponía el virreinato para la conservación del or­den interno y la posible represión de un ataque exterior, constaban de unidades veteranas y de cuerpos de milicia.

Tropas veteranas o de línea . Desde la Real Orden del 26 de abril de 1771, el Río de la Plata debía contar con una fuerza lija e inamovible, cuya organi­zación, instrucción, disciplina, etc., serían similares a las de España, pero sin que las considerase como pertenecientes al ejército peninsular, sino como fuerzas particulares y permanentes de la colonia. De acuerdo a esto, en Buenos Aires se organizaron tres unidades veteranas: 1) Un regimiento de infantería;

2)  Un regimiento de dragones y 3) Una compañía-de artillería. Las tres debían contar con un efectivo de; más de 2.000 hombres.  Si bien en tiempos de paz, este número podía ser suficiente, no lo era si peligraba  la seguridad de estos territorios. La amenaza portuguesa era constante y los propósitos ingleses, decidida conquista, por lo cual la Corona,  decidió  reforzar las guarniciones fijas de Buenos Aires, con unidades del ejército peninsular, que serían relevadas periódicamente.

En 1781, la sublevación de Tupac-Amaú, obligó al aumento de las unidades veteranas de refuerzo. Pero este sistema de relevo periódico de los cuerpos peninsulares era oneroso y poco práctico y hizo evidente que era necesario aumentar los efectivos de planta de los cuerpos fijos. En 1784, el virrey NICOLÁS DEL CAMPO, marqués de Loreto, formó un nuevo batallón de infantería para agregarlo al Regimiento Fijo de Buenos Aires, que fue dejado de guarnición en las provincias del Alto Perú. Las tropas de refuerzos peninsulares regresaron a España y desde entonces ninguna otra unidad del ejército metropolitano fue enviada al Plata como sostén temporal de sus unidades veteranas permanentes.

El Virreinato contaba también con una formación característica para la de­fensa de la frontera  y la guerra contra el indio: los “Blandengues de la Frontera”, unidades que al principio tuvieron el carácter de milicia voluntaria, pero que a propuesta del virrey VERTIZ, en 1784, se habían transformado en tropa veterana. Existían tres unidades de este tipo: 1) La Compañía de Blandengues de la Frontera de Santa Fe; 2) El Cuerpo de Blandengues de la Frontera de Buenos Aires y 3) El Cuerpo de Blandengues de la Frontera de Montevideo. Estos cuerpos eran parecidos a las tropas de caballería y de los dragones. Se constituyeron con personal americano, pues su servicio, menos rígido en disciplina, era más apto para la idiosincrasia criolla.

En síntesis, hacia 1806 las unidades veteranas, (infantería, dragones, artillería y blandengues), tenían un total aproximado de 5.000 hombres, entre oficia­lidad y tropa. Este sería un número respetable de fuerzas, si los efectivos consignados hubiesen existido. Pero la realidad demostraba que sólo se llegaba a la mitad de ese número. Sucedía que las bajas producidas por “los cumplidos” (aquellos para quienes el período de enganche había concluido), inútiles, desertores y fallecidos, no podían ser reemplazados por falta de preocupación de las autoridades peninsulares, que no incorporaban nuevos  reclutas. Además, existía también poco interés por parte de los varones de la colonia, en engancharse en los ejércitos de línea.

Esta reducida f’uerza  tampoco podía, en caso de sorpresivo ataque a las costas del Plata, ser utilizada en su totalidad; pues la mayoría estaba destacada, en forma permanente, en zonas muy distantes del codiciado puerto. Había guarniciones en las- provincias del Alto Perú, en la costa patagónica, en la frontera móvil con el indio y en las campañas de la Banda Oriental.

El reclutamiento.  Para integrar las filas de las tropas veteranas se recurría  al “enganche” y a los “destinados”. El “enganche” era voluntario y por un tiempo mínimo de 8 años. Los alistados debían tener una edad comprendida entre los 17 y los 36 años, ser católicos, de estatura superior a 5 pies, poseer buenas condiciones físicas, no ser vicioso y no descender de gitano, mulato o verdugo. Tampoco tener  oficio de carnicero, pues éste era considerado un trabajo infamante. A su término,  el soldado cumplido podía reengancharse. La bandera de enganche, llamada “bandera general de América”,  funcionaba en España, primero en Cádiz  y después en La Coruña y Málaga. A fines del XVIÍ, se establecieron banderas en Córdoba, Santa Fe y Paraguay. Este sistema de enganche voluntario,  resultó siempre poco efectivo entre los criollos, reacios a integrar las fuerzas armadas.

Los “destinados” eran aquellos individuos obligados por la justicia a cumplir servicio de armas por haber cometido algún delito. Por ejemplo, los culpables de abigeato (robo de ganado), de inferir heridas leves a un tercero, de portar armas blancas, etc. También eran “destinados”,  los hijos rebeldes a la obediencia paterna, pues, en aquella legislación, el hombre que permanecía soltero, dependía de la tutela paterna hasta cumplir los 25 años, edad en que recién podía emanciparse y adquirir capacidad jurídica.

Las milicias. Las “milicias” de Buenos Aires se organizaron en el siglo XVI, a fin de completar y asegurar la conquista, y más tarde, para hacer frente a las amenazas de los holandeses, portugueses e ingleses. Durante el siglo XVIII las sucesivas incursiones indígenas impusieron una organización defensiva más efectiva, principalmente a base de milicias. Todas las ciudades del interior y litoral rioplatense, contaron para protección con unidades milicianas. La Real Instrucción del 28 de noviembre de 1764 disponía que estas compañías, al compensar los pequeños efectivos de los cuerpos veteranos, sirviesen “como cuerpo principal de la defensa” en el caso de una guerra. Las milicias sufrieron diferentes transformaciones hasta alcanzar una organización definitiva a partir de la aplicación del Reglamento del 14 de enero de 1801, documento que había preparado el brigadier marqués de SOBREMONTE cuando era subinspector general de las tropas y milicias del virreinato y elevado luego a la corte, por el virrey marqués de AVILÉS en 1800..

El Reglamento de 1801 representa el primer plan orgánico para el funcionamiento de las milicias que contempla el establecimiento de las mismas en todo el territorio del virreinato. Contiene disposiciones sobre la obligatoriedad del servicio y la creación de nuevos cuerpos, cuyos efectivos de las tres armas (infantería, caballería y artillería ) sobrepasaban los catorce mil hombres, que debían ser considerados en clase de reglados, disciplinados o urbanos.

Las milicias regladas tenían una plana mayor de veteranos  y la “asamblea”,  que era el personal veterano de oficiales, sargentos y cabos encargados de la instrucción de las milicias. En ellas estaban obligados a alistarse todos los hombres hábiles comprendidos entre los 16 y los 45 años de edad. La duración de la obligación del servicio no debía bajar de los diez años,  ni exceder de veinte. Estaban  exentos de prestar este servicio, los abogados, médicos, maestros de escuela y de gramática, procuradores de número, sacerdotes, sacristanes, etc.

Las milicias disciplinadas. De acuerdo al Reglamento de 1801,  los milicianos disciplinados se reunirían una vez por semana, generalmente el domingo, antes o después de misa, para recibir instrucción militar durante una hora. Esto fue modificado más tarde dado el inconveniente de las distancias y en 1806 se impartía  instrucción solamente dos veces al año, por un período de seis a ocho días cada vez.

Las milicias urbanas. Las compañías y batallones de milicias urbanas se organizaron en Buenos Aires y otras ciudades importantes durante la segunda mitad del siglo XVIII. Su personal estaba integrado por individuos de 45 a 60 años, los exceptuados de las milicias regladas y los extranjeros radicados en el virreinato. Estas milicia» sólo debían prestar servicio de armas en el lugar o ciudad de residencia a diferencia de las regladas, que podían ser movilizadas para actuar en campaña. No tenían asambleas ni cuadros permanentes y reemplazaban a las demás fuerzas cuando salían a campaña, cumpliendo funciones de policía en el lugar de su residencia.

A pesar de la existencia de una reglamentación clara y exhaustiva, su cumplimiento se veía dificultado por una serie de circunstancias adversas: Las distancias, la lentitud de los medios de comunicación, los reducidos efectivos, la escasez de personal veterano para la instrucción eficiente de los cuerpos milicianos y la carencia de armamento, vestuario v equipo, contribuían a ensombrecer el panorama defensivo interno, cuyo principal baluarte lo constituían las milicias, pero estos cuerpos, aunque poseían un espíritu combativo entusiasta, carecían de disciplina v cohesión, estaban mal armados, deficientemente instruidos y con mandos improvisados.

Tal era el sistema organizativo de las fuerzas militares veteranas del Plata a la llegada de los invasores ingleses, cuya precariedad e ineficiencia justificó plenamente, la acertada decisión tomada por el virrey LINIERS, luego de la Reconquista, de reorganizar totalmente el sistema defensivo para crear un instrumento capaz de responder a las nuevas exigencias de esos momentos.

PRIMERA INVASIÓN DE LOS INGLESES AL RÍO DE LA PLATA.
14 de abril de 1806
PARTEN HACIA EL RÍO DE LA PLATA LAS FUERZAS INVASORAS INGLESAS El 14 de abril de 1806, zarpa desde la ciudad de El Cabo rumbo al Río de la Plata el Comodoro inglés, HOME RIGGS POPHAM al mando de una fuerte escuadra, compuesta por doce embarcaciones en total, incluyendo 5 navíos de guerra (“Narcissus”, “Diadema”,” Encuentro”, “Diomedes” y “Razonable”) con 50 a 64 cañones cada uno, 5 jefes, 8 oficiales de marina, 46 oficiales de las armas, 99 suboficiales, 1.466 soldados de Infantería, 8 cañones de campaña, varios transportes y 2 médicos. En el mes de enero anterior POPHAM había participado en la toma de la ciudad de El Cabo, posesión de Holanda, aliada de Napoleón en guerra con Inglaterra. Sus órdenes eran continuar a la India después de posesionarse de El Cabo, pero en febrero tuvo noticias de que allá había terminado la lucha y que el Almirante NELSON  había triunfado en Trafalgar, destruyendo la flota española. Como Popham había servido de intermediario entre el gobierno inglés y el general venezolano FRANCISCO MIRANDA, que buscaba apoyo para lograr la independencia de las colonias españolas en América, el Ministro inglés PITT estaba dispuesto a secundarlo y por eso decidió enviar precisamente a POPHAM para ayudar a MIRANDA. En su defensa en el juicio que se le abrió en Londres, después del fracaso de su incursión al Río de la Plata alegó que “las causas que habían contribuido a suspender cualquier expedición a América del Sur como una cuestión de prudencia, habían desaparecido repentinamente. Yo bien sabía –agregó – que ese era el pensamiento favorito del señor PITT”.

2 de mayo de 1806
El 2 de mayo de 1806, el Comodoro HOME POPHAM en su viaje con destino al Río de la Plata, con la escuadra a su mando, hace escala en la Isla Santa Elena.

8 de junio de 1806
LOS INVASORES LLEGAN AL RÍO DE LA PLATA. El 8 de junio de 1806, el Comodoro inglés HOME POPHAM, transportando en su escuadra a una nutrida fuerza de combate al mando del Mayor General GUILLERMO CARR BERESFORD, entró con sus fuerzas en el Río de la Plata, llevando en su pensamiento, más que la libertad, la conquista de estas posesiones españolas.

9 de junio de 1806
DESDE MONTEVIDEO ES AVISTADA LA ESCUADRA INGLESA. El 9 de junio de 1806, la escuadra inglesa es avistada desde Montevideo por el vigía de Maldonado, quien dio aviso al Gobernador de Montevideo, PASCUAL RUIZ HUIDOBRO. Este informó inmediatamente al Virrey RAFAEL DE SOBREMONTE, quien creyó que el ataque sería dirigido contra Montevideo, por ser puerto de aguas más profundas y no dispuso medidas para el caso de un ataque a Buenos Aires.

10 de junio de 1806
ES AVISTADA LA ESCUADRA INGLESA DESDE LA ENSENADA DE BARRAGÁN. El 10 de junio de 1806, desde la Ensenada de Barragán se avista a lo lejos, la flota inglesa que venía al mando del Comodoro HOME POPHAM, Estas fuerzas invasoras, que habían entrado al estuario del Río de la Plata dos días antes, en un simulacro de desembarco, pasa frente a la ensenada de Barragán, que estaba al mando del Capitán de navío SANTIAGO DE LINIERS y a la mañana siguiente, se dirige hacia Quilmes, el verdadero lugar que había elegido para el desembarco.

23 de junio de 1806
LOS INGLESES FRENTE A LAS COSTAS DE QUILMES. El 23 de junio de 1806, la escuadra inglesa al mando del Comodoro POPHAM llegó frente a las costas de Quilmes. Al sur de Buenos Aires y prepara su desembarco.

25 de junio de 1806
LOS INGLESES DESEMBARCAN EN LA PLAYA DE QUILMES. Mientras la flota inglesa que los había traído, bloquea el Puerto de Buenos Aires, mil seiscientos hombres con artillería al mando del general GUILLERMO CARR BERESFORD, el 25 de junio de 1806, desembarcaron en la playa de Quilmes, provincia de Buenos Aires. El virrey del Río de la Plata, RAFAEL DE SOBREMONTE que se encontraba en el teatro asistiendo a una función de “El sí de las niñas”, fue informado del desembarco de las tropas británicas y antes de emprender un apresurado viaje hacia Luján, llevando los caudales reales en un intento de salvar esos bienes públicos, cumpliendo así con las disposiciones hispánicas establecidas para esa emergencia, ordenó enviar 400 milicianos para retardar el avance de los invasores y preparar la defensa de la ciudad. Desapercibida como estaba la ciudad de Buenos Aires, no pudo ofrecer una resistencia organizada. Solamente atinó a convocar las escasas tropas disponibles y así se logró reunir una precaria fuerza compuesta por una Compañía del Regimiento de Infantería de Buenos Aires, compuesta por apenas 50 hombres recién reclutados; el Batallón de Voluntarios de Infantería, con unos 500 hombres, el Regimiento de Voluntarios milicianos, el Batallón del Comercio y la Compañía de Voluntarios de Artillería. Toda la tropa sin instrucción y sin comandos preparados. El resultado tenía que ser por lógica, la derrota de los criollos y la ocupación de Buenos Aires no podía tardar mucho en producirse.

26 de junio de 1806
EN MARCHA HACIA EL FUERTE DE BUENOS AIRES. La poderosa fuerza de veteranos que al comando de  CARR BERESFORD formaba parte de la expedición que venía al mando de HOME POPHAM, una vez desembarcadas, el 26 de junio de 1806 emprenden la marcha hacia el Fuerte de Buenos Aires con la intención de neutralizarlo que consideraban el primer y más peligroso obstáculo a vencer, para conquistar la ciudad. Pero el camino elegido para llegar allí resultó pantanoso y las tropas tuvieron que atravesar dos millas de bañado con el agua hasta las rodillas, pero inexplicablemente, sin haber sido mayormente hostigados durante su avance.

Las fuerzas británicas (unos 1.641 hombres), luego de desbandar a un cuerpo de 400 milicianos y blandengues encabezados por PEDRO DE ARCE, continúan su avance y se dirigen hacia el Fuerte de Buenos Aires. En su retirada, las tropas de Arce, incendian el Puente Gálvez sobre el Riachuelo, intentando con ello, detener a los ingleses.

MANUEL BELGRANO ES DERROTADO EN LA BARRANCA DE MARCO. Producida la primera Invasión inglesa, MANUEL BELGRANO, a quien el virrey Melo le había conferido el cargo de  capitán honorario de milicias urbanas, en 1805, se encuentra frente al enemigo en la Barranca de Marco. Es apenas una escaramuza, tanto que el propio BELGRANO llama “fuegos fatuos” a las descargas que hacen sus camaradas, milicianos tan improvisados como él. Las tropas se repliegan.

27 de junio de 1806
LOS INVASORES ENTRAN EN LA CIUDAD DE BUENOS AIRES. En la mañana del día 27 de junio de 1806, GUILLERMO CARR BERESFORD, al frente de su columna de veteranos ingleses cruzaron el Riachuelo venciendo la escasa resistencia ofrecida por los criollos y entraron a tambor batiente y con banderas desplegadas en la gran aldea, entre el estupor y desconcierto del vecindario indignado, ocupando casi sin combatir, una plaza de 45.000 habitantes, abandonados a su suerte por quienes no supieron defenderlos.

El general BERESFORD entró en la ciudad bajo un fuerte aguacero; siguió por la calle Defensa (entonces de la Residencia) y a las cuatro de la tarde se posesionaba de la Fortaleza al son de las gaitas del regimiento escocés de Montañeses, número 71, cuerpo orgulloso de su limpia historia militar, pues hasta entonces jamás había sido vencido. La guarnición del fuerte arrió pabellón y se entregó prisionera. Beresford, así que se hubo instalado, exigió la entrega de los caudales públicos y dio una proclama a los habitantes de la ciudad, garantizando la administración de justicia por sus propios tribunales, el respeto a la propiedad privada y el libre ejercicio de la religión católica.

La impresión del pueblo fue tan honda, que se vio a los hombres por calles y plazas llorar de ira y de vergüenza. El joven doctor MARIANO MORENO escribió: “…yo he visto en la plaza (de Buenos Aires) llorar muchos hombres por la infamia con que se les entregaba y yo mismo he llorado más que otro alguno cuando vi entrar soldados ingleses que, apoderándose  de mi patria, se alojaron en el Fuerte y demás cuarteles de esta ciudad”.

27 de junio de 1806
CAE EL FUERTE DE BUENOS AIRES. El 27 de junio de 1806, el general BERESFORD entró en la ciudad bajo un fuerte aguacero; siguió por la calle Defensa (entonces de la Residencia) y a las cuatro de la tarde se posesionaba del Fuerte de Buenos Aires al son de las gaitas del regimiento escocés de Montañeses, número 71, cuerpo orgulloso de su limpia historia militar, pues hasta entonces jamás había sido vencido. La guarnición del fuerte arrió pabellón y se entregó prisionera. BERESFORD, así que se hubo instalado, exigió la entrega de los caudales públicos y dio una proclama a los habitantes de la ciudad, garantizando la administración de justicia por sus propios tribunales, el respeto a la propiedad privada y el libre ejercicio de la religión católica.

28 de junio de 1806
EL VIRREY SOBREMONTE VIAJA A CORDOBA. Dejando el tesoro en el Cabildo de Luján (que luego fue tomado por los ingleses y repartido más tarde en Inglaterra entre los participantes de la invasión), el 28 de junio de 1806, el virrey SOBREMONTE partió hacia Córdoba con la intención de organizar allí una fuerza que le permitiera oponérsele a los invasores ingleses.

28 de junio de 1806
LA BANDERA INGLESA FLAMEA EN EL FUERTE DE BUENOS AIRES. En la madrugada del 28 de junio, es  izada por primera vez en el Fuerte de Buenos Aires, la bandera inglesa. Desde la víspera, las fuerzas británicas ocupan la ciudad de Buenos Aires y general CARR BERESFORD se constituye en su gobernador.

46 DÍAS DE GOBIERNO INGLÉS EN BUENOS AIRES. Durante 46 días, hasta el 12 de agosto, los porteños iban a estar sometidos al poder del invasor. No fue, sin embargo, una dominación despótica. Todas las medidas del jefe inglés demostraron su intención de no irritar a los habitantes de Buenos Aires y procuró granjearse su confianza. En su primer bando, ratificó las leyes españolas vigentes, confirmó a los funcionarios públicos en sus puestos y se comprometió a brindar su protección a la Iglesia Católica, a las personas privadas y a sus propiedades. Aparentemente, el único cambio producido era el reemplazo del virrey por el general BERESFORD y del pabellón español por el inglés, pero para los porteños, eso era bastante. A los funcionarios de la ciudad les tocaría pasar el trago más amargo: fueron convocados por el gobernador para rendir juramento de lealtad a Su Majestad Británica y casi todos lo hicieron. En nombre de las comunidades religiosas, el prior de los dominicos, fray GREGORIO DE TORRES, prometió ante BERESFORD la fidelidad que se les reclamaba. No obstante, el día del juramento hubo una ausencia notoria: el superior de los bethlemitas del Hospital, fray NICOLÁS DE SAN MIGUEL, no firmó y perdió su cargo. MANUEL BELGRANO, por su parte, en una retirada prudente, se trasladó a su campo de Mercedes, en la Banda Oriental, para no verse obligado a jurar. Los comerciantes y vecinos principales tenían que documentar su juramento, voluntariamente, ante el capitán GILLESPIE, que actuaba como Comisario de prisioneros. Solamente 58 ciudadanos de Buenos Aires lo hicieron. Los ingleses dispusieron luego la internación de todos los militares que habían sido hecho prisioneros, en la cárcel la ciudad, con prohibición de salir de ella. Se exceptuó de este compromiso a los jefes y oficiales que prometieran, bajo palabra de honor, no volver a tomar las armas contra Inglaterra. Mientras tanto, los oficiales ingleses alternaban con las familias más distinguidas de Buenos Aires. Fueron alojados en sus casas, donde también se sucedieron las fiestas en homenaje a los militares invasores, quienes allí pudieron admirar la destreza de las elegantes damas porteñas para recitar y tocar el piano o la guitarra. Por las tardes era frecuente ver a las SARRATEA, las MARCÓ DEL PONT, las ESCALADA… las hijas de los hogares más aristocráticos de la ciudad, paseando por la Alameda (actual calle Leandro N. Alem), del brazo con los “herejes”, como llamaba el pueblo a los ingleses por su confesión protestante. Sin embargo, esta cara amable de la convivencia con las fuerzas dominadoras tenía su reverso: pasado el estupor de los primeros días, los patriotas comenzaron a montar una sorda y vasta conspiración para echar al invasor. El factor religioso fue utilizado, a manera de arma psicológica, para fomentar la deserción de soldados irlandeses o extranjeros de confesión católica. Algunos soldados ingleses, de guardia en las calles o frente a las pulperías –que según el censo levantado por los británicos en esos días eran seiscientas en toda la ciudad, aparecieron apuñalados. Detrás de la obediencia formal y de las buenas maneras los porteños compartían una idea: desalojar a los ingleses de Buenos Aires.

29 de junio de 1806
BELGRANO SE FUGA PARA NO JURAR LEALTAD A LA CORONA. El 29 de junio de 1806, el capitán de milicias MANUEL BELGRANO, llamado por BERESFORD para prestar acatamiento a la dominación inglesa, como ya lo habían hecho los restantes miembros del Consulado, se fuga de Buenos Aires, pasando a la Banda Oriental.

30 de junio de 1806
APARECE EL PERIÓDICO “LA ESTRELLA DEL SUR”. Durante la dominación inglesa, el 30 de junio de 1806,  aparece en Montevideo el periódico bilingüe “La Estrella del Sur”, (solo aparecieron siete números) impreso en una imprenta que trajeron los invasores y que luego quedó en Buenos Aires. El periódico en cuestión publica órdenes, bandos y proclamas de las fuerzas inglesas, avisos comerciales al público y artículos de interés general. Su presentación era más ágil y atractiva que la de los diarios, que se editaban en Buenos Aires, debido a los medios técnicos superiores con los que contaban los ingleses. Se supo que la imprenta que lo editaba, llegó a la Banda Oriental, junto con una gran cantidad  de productos comerciales de toda índole, para ser vendidos a muy bajos precios.

2 de julio de 1806
BERESFORD OFRECE SEGURIDADES A LOS PORTEÑOS. El 2 de julio de 1806, el general BERESFORD publicó un Bando ofreciendo a la población de la ciudad y sus dependencias toda clase de seguridades, tanto de la propiedad privada como de sus archivos, dejando a su Cabildo y a todos los habitantes los derechos y privilegios que hasta entonces habían gozado; consignando también “que la Curia eclesiástica seguirá en el pleno y libre ejercicio de todas sus funciones y precisamente en el mismo orden que antes” y dando otra prueba de “generosidad para con el enemigo vencido” en un nuevo intento de congraciarse con la población, pero que en realidad ponía en evidencia el fundamento mercantilista de su gestión, ordena devolver las 180 embarcaciones de cabotaje que habían sido capturadas por sus tropas y que, por derecho de guerra, le pertenecían. El comercio marítimo y fluvial continuó de ese modo desenvolviéndose normalmente en el litoral, por lo que, en rigor de verdad, las únicas reformas importantes dispuestas por los invasores fueron comerciales, pero la ciudad fue recuperada antes de que se pusieran en práctica.

3 de julio de 1806
Aparecen en Buenos Aires algunos ejemplares del periódico “LA ESTRELLA DEL SUR” que se edita en Montevideo. Se trata del  “The Southern Star” o sea, “La Estrella del Sur”, impreso en esa ciudad cautiva, con el patrocinio del comandante de las tropas inglesas que la ocupan militarmente. En un bando publicado por el Cabildo se prevenía a los habitantes de Buenos Aires acerca del “carácter engañoso de esta publicación que  intenta presentar a los británicos no como a conquistadores, sino como a defensores de los derechos de los rioplatenses. Aseguran que quieren emancipamos de la servidumbre del Imperio Español y que, sometiéndonos a Inglaterra, gozaremos de todos los derechos y privilegios que poseen los súbditos de S.M. Jorge III, especialmente de los beneficios del comercio, libre de exacciones injustas”. Se sospechaba que entre 1os redactores de esta publicación figuraba MANUEL ANICETO PADILLA, que firmaba sus artículos con un seudónimo. Un personaje nacido en Buenos Aires y que era el mismo que ayudó a escapar al general BERESFORD, luego de su derrota durante la primera invasión inglesa y que seguía empeñado en “liberar” al Río de la Plata mediante la ayuda británica.

10 de julio de 1806
LOS VECINOS DE BUENOS AIRES EXIGEN DEPONER AL VIRREY. El 10 de julio de 1806, una “Junta de Guerra”, formada por vecinos de la ciudad, dispuso deponer al virrey RAFAEL DE SOBREMONTE, acusándoselo de haber sido incapaz para enfrentar la invasión de los ingleses y de tener una conducta equívoca, al abandonar la ciudad a su suerte.

Cobardía o previsión?. ¿Cobarde o previsor? ¿Traidor o leal? La historia no se pone de acuerdo sobre el más cuestionado de los virreyes que tuvo el Río de la Plata. Aunque el pueblo se volvió en su contra, como lo demuestran las coplas populares de la época, la personalidad del marqués SOBREMONTE sigue siendo un enigma.

SOBREMONTE, hacía dos años que gobernaba en el Río de la Plata y tenía prestigio como buen funcionario de la colonia. Era un excelente administrador que trajo gran progreso con su gobierno, pero al producirse las invasiones inglesas demostró una completa incapacidad para hacer frente a los acontecimientos. Desde hacía mucho tiempo que SOBREMONTE tenía advertida a la corona española acerca de una posible invasión de los ingleses y al no recibir respuestas, como única precaución, el virrey mandó reforzar las defensas de Montevideo a costa de la seguridad de Buenos Aires. Pero pasaron muchos meses sin que se produjera ninguna novedad y las tropas bajaron la guardia. Producida entonces la invasión de los ingleses en junio de 1806 a Buenos Aires, sólo el coraje de los habitantes de esta ciudad, dirigidos, no por la autoridad del virrey, sino por SANTIAGO DE LINIERS  y otros patriotas, pudo conjurarse temporariamente esta situación.

12 de julio de 1806
BERESFORD FRUSTRA UN INTENTO DE SUBLEVACIÓN DE LOS ESCLAVOS. Fiel a la política de apaciguamiento que se había trazado, el General BERESFORD, nuestras se desempeñaba como Gobernador de facto de Buenos Aires, el 12 de julio de 1806, desalentó un incipiente movimiento de emancipación que se produjo entre los esclavos y les recordó la obligación que tenían de mantenerse sujetos a sus dueños, estableciendo severas penas pare los que trataran de liberarse.

14 de julio de 1806
LOS INGLESES FUNDAN UNA LOGIA MASÓNICA. Según trascendidos, los británicos, durante su permanencia como invasores a la ciudad de Buenos Aires, el 14 de julio de 1806 fundaron la logia masónica “Estrella del Sud”, situada en la calle San Carlos (hoy Alsina) e “Hijos de Hiram”, establecida en la calle San Cosme y Damián (actualmente Bernardo de Irigoyen).

16 de julio de 1806
BELGRANO SE INICIA EN LA CARRERA DE LAS ARMAS. El capitán de milicias MANUEL BELGRANO se presenta ante el nuevo jefe del Regimiento 1 “Patricios”, coronel CORNELIO SAAVEDRA (fue nombrado el 13 de julio de 1806) y a partir de entonces, el abogado, el teórico, el tratadista se interesa por la táctica, el manejo de las armas y las cuestiones de la guerra y lo hace con tanto empeño, que en poco tiempo el alumno se convierte en maestro. . “Desde este día –dice en su autobiografía- contraje con empeño al estudio de la táctica y tomé maestro que me enseñase el manejo de armas”.

17 de julio de 1806
MANUEL BELGRANO ASUME COMO AYUDANTE DE SAAVEDRA. El 17 de julio de 1806, el capitán de milicias MANUEL BELGRANO es nombrado ayudante de campo de Saavedra y durante la primera invasión de los ingleses, se desempeña en ese cargo durante toda la defensa de la ciudad.

23 de julio de 1806
LINIERS PARTE HACIA COLONIA, DESDE MONTEVIDO. El Capitán de Navío SANTIAGO DE LINIERS, que había logrado pasar a Montevideo cuando los ingleses tomaron Buenos Aires, el 23 de julio de 1806, emprende la marcha hacia Colonia del Sacramento, con las fuerzas que le proporcionó el Gobernador de aquella plaza, PASCUAL RUIZ HUIDOBRO, en quien el virrey SOBREMONTE, antes de marcharse a Córdoba, había delegado “todo el mando de fronteras y partidos interiores”. La amenaza contra Montevideo impedía a Ruiz Huidobro actuar personalmente en la liberación de Buenos Aires, por lo que consideró la propuesta de LINIERS como la mejor a su alcance. Pudo así contar Liniers para su expedición de reconquista con una fuerza compuesta por 50 veteranos, reforzados con 100 “miñones catalanes” y 100 milicianos de Montevideo.

25 de julio de 1806
LINIERS ORGANIZA EN COLONIA EL EMBARQUE DE SUS TROPAS. Llegado Liniers a Colonia del Sacramento, el 25 de julio de 1806, luego de que se le incorporaran otros 133 milicianos y 5 cañones, se dispuso a organizar el transporte de sus tropas en una flotilla que los debería llevar hasta la costa occidental del Río de la Plata para emprender la reconquista de Buenos. Aires.

30 de julio de 1806
COMIENZA A ORGANIZARSE LA RECONQUISTA DE BUENOS AIRES. A fines de julio, los planes para lograr la Reconquista de Buenos Aires, ya estaban en marcha. La mesura, los gestos de generosidad y el equilibrio de BERESFORD no habían logrado conquistar para Inglaterra la adhesión de los criollos, ni la de los españoles. El Capitán de navío SANTIAGO DE LINIERS Y BREMOND, que se hallaba al servicio de España en la Ensenada de Barragán, libre de su compromiso de lealtad a la corona inglesa, exigido por CARR BERESFORD el 16 de junio de ese año a todos los jefes y oficiales y funcionarios de la ciudad y teniendo por eso, las manos y la conciencia libres para organizar la Reconquista, había podido pasar a Montevideo y se presentó ante el Gobernador PASCUAL RUÍZ HUIDOBRO para pedirle ayuda para realizar la reconquista de Buenos Aires. Encontrando el buscado eco en el general español, éste le proporcionó toda clase de auxilios para la proyectada expedición, cuya base se componía de veteranos porteños que habían ido a reforzar la guarnición de aquella plaza, algunos criollos y cien catalanes, formando el todo unos seiscientos hombres

31 de julio de 1896
SOBREMONTE AL MANDO DE 3.000 HOMBRES, PARTE DESDE CÓRDOBA HACIA BUENOS AIRES, DISPUESTO A RECONQUISTAR BUENOS AIRES. RAFAEL DE SOBREMONTE logró reunir una fuerza de tres mil hombres con la que el 31 de julio de 1806 partió desde Córdoba y se dirige hacia Buenos Aires, para recuperar la capital del virreinato del poder de los ingleses.

1º  de agosto de 1806
COMBATE DE PERDRIEL. Combate desigual entre las tropas defensoras de su ciudad y los ingleses. El Comandante de fronteras ANTONIO OLAVARRÍA, a fin de proteger el desembarco de SANTIAGO DE LINIERS que venía con sus tropas desde Colonia del Sacramento para reconquistar Buenos Aires, en poder de los ingleses, se reunió con su Regimiento de Blandengues en el pueblo de Luján y en la Chacra de Perdriel se unió a las fuerzas que había logrado reunir JUAN MARTÍN DE PUEYRREDÓN, que había estado recorriendo la campaña de Buenos Aires con el fin de reclutar tropas. El General inglés CARR BERESFORD informado de este movimiento, mandó al famoso regimiento N° 71 de Highlanders, con el objeto de atacar a los criollos en dicho lugar y a pesar de haber marchado durante toda la noche anterior, el 1º de agosto de 1806, atacaron vigorosamente a los criollos, produciendo el desbande de sus adversarios. En este combate, una bala de cañón mató el caballo que montaba JUAN MARTÍN DE PUEYRREDÓN, quien apenas pudo salvar su vida saltando sobre el animal que montaba uno de sus soldados. Así concluyó Perdriel. Con una derrota que sin embargo entro en nuestra Historia como un hecho que sintetiza los sentimientos de la población de Buenos Aires dominada por el invasor extranjero.

3 de agosto de 1806.
LINIERS PARTE DESDE COLONIA DEL SACRAMENTO PARA RECONQUISTAR LA CIUDAD DE BUENOS AIRES. Con las tropas que salieron de Montevideo y con los nuevos recursos que se le habían incorporado en la Colonia del Sacramento, el 3 de agosto de 1806, el Capitán SANTIAGO DE LINIERS se embarcó en este puerto ocupando veinticinco buques que el Capitán de Fragata JUAN GUTIÉRREZ DE LA CONCHA había armado a la ligera, y tomó rumbo hacia el Paraná de las Palmas.

4 de agosto de 1806
LIBERTAD DE COMERCIO. El Comandante de las tropas inglesas que se habían apoderado de Buenos Aires, GUILLERMO CARR BERESFORD, entonces Gobernador de facto de la ciudad, el 4 de agosto de 1806, expidió un decreto declarando libertad de comercio en el Río de la Plata. En el preámbulo se lee: “Por ahora se contenta el comandante británico con manifestar al pueblo que el sistema de monopolio, restricción y opresión ha llegado ya a su término; que podrá disfrutar de las producciones de otros países a un precio moderado; que las manufacturas y producciones de su país están libres de la trata y opresión que los agobiaba.” (más y mejores negocios para la corona, verdad?).

NUEVAS TARIFAS ADUANERAS. BERESFORD en su calidad de Gobernador de facto de Buenos Aires, el 4 de agosto de 1806, mediante un Bando, estableció nuevas tarifas para la importación y exportación. Para las mercaderías extranjeras, que por las leyes españolas pagaban un arancel que oscilaba entre el 35 y el 42 por ciento, se redujo este derecho al 12 y medio por ciento si provenían de Inglaterra y al 15 y medio por ciento si procedían de Francia, Holanda o Alemania. Paralelamente, se establecieron tarifas diferenciales para la exportación, en favor de Inglaterra, y se abolió el estanco (monopolio fiscal del tabaco) y de los naipes

4 de agosto de 1806
LINIERS ARRIBA A LAS CONCHAS CON SUS EFECTIVOS. El 4 de agosto de 1806, la expedición conducida por el capitán de navío SANTIAGO DE LINIERS, que era transportada en una flotilla armada y comandada por el Capitán de Fragata JUAN GUTIÉRREZ DE LA CONCHA, desembarcó en el pueblo de las Conchas (hoy Tigre), a siete leguas de Buenos Aires, donde se le reunió, un gran número de criollos voluntarios, precariamente armados, dispuestos a marchar al combate contra los invasores.

5 de agosto de 1806
EL MAL TIEMPO DETIENE LA MARCHA DE LINIERS. Las fuerzas que traía SANTIAGO DE LINIERS para reconquistar Buenos Aires, llegadas a la localidad de San Isidro el 5 de agosto de 1806, son detenidas por el mal tiempo, pero en la fecha, logran reanudar la marcha hacia Buenos Aires.

10 de agosto de 1806
EL VIRREY SOBREMONTE LLEGA A LUJÁN. El virrey Sobremonte, llega a Luján al mando de 3.000 hombres, para intentar la reconquista de Buenos Aires.

10 de agosto de 1806
LINIERS INTIMA LA RENDICIÓN DE LOS INGLESES. El 10 de agosto de 1806, SANTIAGO DE LINIERS, jefe de las tropas que venían desde la Banda Oriental, reforzadas con los criollos voluntarios provenientes de la campaña, llegó hasta los suburbios de esta ciudad y desde Miserere intimó la rendición del jefe inglés, General BERESFORD, quien la rechazó y expresó su decisión de entrar en combate.

11 de agosto de 1806
LINIERS Y PUEYRREDÓN ATACAN A LOS INVASORES. El 11 de agosto de 1806, las tropas de infantería de LINIERS, apoyados por las de caballería mandadas por el Comandante JUAN MARTÍN DE PUEYRREDÓN, atacaron a los efectivos ingleses que estratégicamente tomaron las calles de la ciudad para dispersar el centro de gravedad del ataque criollo y ese fue su gran error, pues ello permitió que ese día, se librara una batalla que hizo historia por la bravura, pero por sobre todo, por el ingenio que allí se desplegó.

12 de agosto de 1806
RECONQUISTA DE BUENOS AIRES. Después del combate de Perdriel, las tropas dispersas luego de esta acción, se habían reunido, con las traídas desde Montevideo por SANTIAGO DE LINIERS y los voluntarios que se le agregaron en Luján, dispuestos todos a atacar a los invasores para recuperar la ciudad de Buenos Aires. Los efectivos criollos y españoles unidos en esta acción, sumaban 1.936 hombres, cinco cañones y dos obuses. La madrugada del día 12 de agosto de 1806, abandonando sus posiciones en Miserere, las fuerzas de LINIERS distribuídas en cuatro columnas, se encontraron con sus tropas inglesas en posición defensiva, dentro de la Plaza Mayor y el Fuerte. LINIERS que tenía todo dispuesto para iniciar el ataque recién al mediodía, por razones que no registra la Historia, ordenó un inmediato avance. A las nueve de la mañana entonces, el grueso de las fuerzas patriotas avanzó por la actual calle Florida hacia el sur. Otras columnas tomaron por diversas calles. El Regimiento N ° 71, de Gran Bretaña, esperaba el ataque frente al Fuerte. La lucha fue encarnizada. El arrojo y el coraje temerarios de criollos y españoles eran contestados con la bravura de los ingleses. Cuando la situación no pudo sostenerse, el Jefe del Ejército invasor, General BERESFORD, dio orden de abandonar la Plaza de Mayo y replegarse sobre el Fuerte. No contaba con la reacción del pueblo que cubrió su retirada arrojándoles desde las terrazas todo tipo de proyectiles y hostigándolos en cada esquina de la ciudad con las armas que cada uno pudo empuñar. Poco después una bandera de parlamento apareció en el edificio e instantes más tarde la enseña española volvió a lucir airosa al tope de la Fortaleza. Así fue vencido el Regimiento N ° 71. Cinco oficiales y cuatrocientos doce hombres de tropa perdieron los ingleses en la oportunidad y el resto debió rendirse a discreción. Las jornadas de la Reconquisto habían concluido. Dos nombres, entre muchos gloriosos, se voceaban titulándolos de defensores de Buenos Aires: SANTIAGO DE LINIERS, comandante de las tropas y MARTÍN DE ÁLZAGA, cabecilla de la reacción popular.

13 de agosto de 1806
PRISIÓN PARA LOS JEFES DE LA PRIMERA INVASIÓN DE LOS INGLESES. El 13 de agosto e 1806, los jefes de la invasión a Buenos Aires fueron divididos en grupos y remitidos al interior del país, empleando con ellos toda suerte de precauciones con el fin de evitar fugas, aunque se les exigió a todos, antes de enviarlos a prisión, el juramento de respetar su condición de prisioneros de guerra

14 de agosto de 1806
EL PUEBLO DE BUENOS AIRES RECHAZA EL REGRESO DEL VIRREY SOBREMONTE. El virrey RAFAEL DE SOBREMONTE, desde Fontezuelas, informa  que se dirigía hacia Buenos Aires con un grupo de miliciano para reconquistar la ciudad, pero el pueblo de Buenos Aires, cometiendo con ello un verdadero acto de insurrección, declaró que no quería recibir de nuevo al marqués DE SOBREMONTE, en el ejercicio del poder que desempeñaba por nombramiento del rey de España y el 14 de agosto exigió al Cabildo en cambio, que se ratificara a SANTIAGO DE LINIERS Y BREMOND, Gobernador militar de la plaza, mientras la Audiencia y el Cabildo podrían quedar a la cabeza de la Administración civil. El pueblo, cruel, cuando se trata de hacer escarnio de quien no haya satisfecho sus expectativas, hizo de Sobremonte, el blanco de sus burlas y todos, en las calles cantaban las canciones que le habían dedicado: “Un quintal de hipocresía, /veintidós de fanfarrón/ y cincuenta de ladrón con quince de fantasía,/ dos mil collonerías,/ mezclarás bien y después/ en un gran caldero inglés/ con gallinas y capones/ extraerás los blasones/ del más indigno marqués”.

14 de agosto de 1806
PUEYRREDÓN RECLAMA EL NOMBRAMIENTO DE LINIERS COMO VIRREY. Vista la violencia con la que el pueblo de Buenos Aires, expresaba su rechazo al regreso del virrey SOBREMONTE, el 14 de agosto de 1806 se realizó en el Cabildo, un Congreso General para tratar de evitar su entrada en Buenos Aires, por temor a que fuera atacado por el pueblo exacerbado. En apoyo de esta actitud, los independicistas se concentraron en la Plaza de la Victoria, hoy de Mayo, donde con gritos e insultos contra el virrey, expresaban su repudio. Rompieron el débil cerco de guardia e irrumpieron en el recinto de sesiones. PUEYRREDÓN,  que asistía a las deliberaciones, pidió, en nombre de los intrusos, que no se dejara arribar al virrey y se nombrara a LINIERS gobernador de la ciudad, cosa que así se hizo.

14 de agosto de 1806
DESIGNACION DE LINIERS COMO JEFE MILITAR DE BUENOS AIRES. El 14 de agosto de 1806, reunido el Cabildo abierto ratifica la designación de SANTIAGO DE LINIERS como Jefe militar de la Plaza y envió la comunicación con lo actuado a la Real Audiencia de España. Al mismo tiempo y ante la perspectiva de nuevos ataques, se convocan las milicias y se organizan Batallones.

15 de agosto de 1806
EL VIRREY SOBREMONTE LLEGA A BUENOS AIRES. Viajando desde Córdoba, el 15 de agosto de 1806, el virrey SOBREMONTE llegó a Buenos Aires con su improvisado ejército y aquí se enteró no sólo de que había llegado tarde para reconquistar la ciudad de Buenos Aires, pues ya había sido liberada por LINIERS, ÁLZAGA y otros patriotas junto al pueblo, sino que además, había sido suspendido en el cargo de virrey del Río de la Plata. Aceptando por fuerza esta decisión tomada por el Cabildo Abierto reunido en Buenos Aires el día anterior, SOBREMONTE estimando que hasta que el rey no convalidara esta sanción que se le imponía, seguía teniendo la responsabilidad que la corona de España le había otorgado, decidió retirarse hacia la ciudad de Montevideo con el propósito de defender esa Plaza de la nueva invasión inglesa que se presumía la amenazaba.

16 de agosto de 1806
PARTEN LAS NOTICIAS DE LA RECONQUISTA DE LA CIUDAD. El 16 de agosto de 1806, MIGUEL LADRÓN DE GUEVARA, Correo de Buenos Aires, partió para llevar la noticia de la Reconquista de Buenos Aires y de la derrota de los invasores ingleses, hacia la ciudad de Lima, Capital del virreinato del Perú, que en ese entonces era el centro de comunicaciones desde donde partían las noticias hacia España. La misión del correo se convirtió en una verdadera hazaña. Primero debió recorrer 500 leguas para llegar a Potosí. Pasando por 59 “postas”, donde descansaba y cambiaba de caballos y desde allí siguió camino hacia Lima. En total recorrió 1.000 leguas, es decir, más de 5.000 kilómetros  en 36 días, llegando a destino el 22 de setiembre de 1806.

22 de agosto de 1806
SANTA FE CELEBRA LA RECONQUISTA. El 22 de agosto de 1806, llegó a Santa Fe la noticia de la reconquista de la ciudad de Buenos Aires del poder de los ingleses. El Cabildo dispuso anunciarla colocando carteles en las calles y celebrando fiestas e iluminaciones durante tres días consecutivos.

24 de agosto de 1806
LINIERS CUMPLE SU PROMESA ANTE LA VIRGEN DEL ROSARIO. El 24 de agosto de 1806, en el Templo de Santo Domingo, ante la Virgen del Rosario, el Gobernador militar y político de Buenos Aires, SANTIAGO DE LINIERS, procedió a cumplir con la solemne promesa que había hecho anteriormente, depositando con todos los honores las banderas conquistadas a los ingleses,  dentro del marco de mayor solemnidad, con la presencia de todo el ejército formado y la concurrencia de la Real Audiencia, el Cabildo Secular, el Ilustre Obispo y todo el pueblo. Estos gloriosos trofeos fueron vejados y algunos destruidos por el fuego que en la noche del 15 de junio de 1955 provocaron las turbas exacerbadas que obedecían al entonces Presidente de la Nación, JUAN DOMINGO PERÓN, como venganza por el intento de derrocarlo que se había llevado a cabo el día anterior.

27 de agosto de 1806
UN INFORME DE ÁLZAGA. El 27 de agosto de 1806, MARTÍN DE ÁLZAGA le escribió a ANTONIO LÓPEZ una carta manifestando que la Reconquista de Buenos Aires fue llevada a cabo por una expedición de 700 hombres de Montevideo y la Colonia al mando de SANTIAGO DE LINIERS, a la cual se unieron unas 2500 personas de armas del “noble y leal vecindario” que, “sostenidas por mí la mayor parte”, agrega, operaron militaron en dicho día con el mayor denuedo que hasta ahora se ha visto”.

5 de setiembre de 1806
MEDALLAS PARA LOS VENCIDOS EN PERDRIEL. El Cabildo de Buenos Aires durante la sesión del 5 de setiembre de 1806, acordó grabar una medalla para los que tomaron parte en la acción de Perdriel (1º de agosto de 1806).

6 de setiembre de 1806
EN INGLATERRA SE EXIHIBE EL BOTÍN ROBADO EN BUENOS AIRES. El 6 de setiembre de 1806 llegó a Inglaterra la nave “Narcissus” con la plata robada de las arcas reales de Luján por los ingleses que invadieron Buenos Aires en junio de 1806 y el 17 del mismo mes,  después de recibir en Londres (Inglaterra) las noticias de la toma de Buenos Aires por el General Guillermo CARR BERESFORD es paseado por las calles de Londres el tesoro robado y el producto del saqueo al que fue sometida la ciudad de Buenos Aires, luego de ser invadida.

El 20 de setiembre los tesoros llegaron a Londres y la población se volcó en las calles para vitorear a los carros colmados de plata, que venían acompañados por tropas de caballería e infantería empleadas en la que fue la primera  invasión al Río de la Plata. Nada impactó tanto a los londinenses, como la vista de los tesoros arrancados por BERESFORD y llevado a Inglaterra a bordo del “Narcisus”. Las pesadas barras de plata provenientes de los impuestos cobrados en todo el virreinato, fueron desembarcados y cargados luego en ocho carros que iban arrastrados por seis caballos cada uno y teatralmente adornados. Encabezaba la marcha de esta columna, un carruaje llevaba la bandera española que fuera arrebatada  en el Fuerte y varias banderolas más con las siguientes inscripciones: “Tesoro, Beresford, Popham, Buenos Aires, Victoria”. En el segundo, iba la bandera de la milicia provincial, tomada sin combatir. Precedían y seguían al convoy, dos destacamentos de los marinos que habían ocupado a Buenos Aires y dos cañones de los tomados en Quilmes, mientras que una nutrida Banda de música acompañaba el paso del cortejo que se dirigió desde Portsmouth hasta Londres.

Llegada a la capital del reino,  la columna tomó por la calle del Parlamento y desembocó en la Plaza “Saint-James”, acompañada siempre por una nutrida multitud hasta que llegó al centro comercial de la ciudad, y allí depositó su carga en las arcas del Banco de Londres. Luego el rey de Gran Bretaña presidiendo en persona el Consejo de Ministros, declaró conquistada la ciudad de Buenos Aire y sus dependencias, decretando el libre comercio con la nueva posesión de conformidad con los reglamentos vigentes de sus otras colonias

Los invasores se habían apoderado realmente de aproximadamente un millón y medio de pesos fuertes, pero lo que llevaron al Banco sólo alcanzaba a un millón ochenta y seis mil doscientos ocho pesos fuertes. No cabría la pregunta de QUIÉN SE QUEDÓ CON LA DIFERENCIA?, si no se supiera hoy, que Beresford y Popham, se quedaron con gran parte de este “botín”.

13 de setiembre de 1806
EL TIMES ANUNCIA LA TOMA DE BUENOS AIRES. En su edición del sábado 13 de setiembre de 1806, el diario “The Times”, de Londres, publicó en la página 3, columna 4, la noticia recién llegada sobre la toma de Buenos Aires por los británicos. Su traducción es la siguiente:. “Sábado, 3 de la mañana. Debemos congratular al público con motivo de un comunicado urgente que acabamos de recibir de Portsmouth, sobre uno de los más importantes acontecimientos de la presente guerra. EN ESTE MOMENTO BUENOS AIRES FORMA PARTE DEL IMPERIO BRITÁNICO, y cuando consideramos las consecuencias resultantes de esta situación y sus posibilidades comerciales, así como también de su influencia política, no sabemos cómo expresarnos en términos adecuados a nuestra idea de las ventajas que se derivarán para la nación a partir de esta conquista. “La siguiente es la carta de nuestro corresponsal: ‘Portsmouth, Viernes, 7 de la tarde: No pierdo un instante en informar que la fragata “Narcissus” ha llegado, trayendo el importante informe de la toma de Buenos Aires por parte de la expedición del Cabo de Buena Esperanza, a fines de junio, creo que el 27 o el 28. No han trascendido otros detalles, pero lo que he escrito podrá satisfacerle por el momento. Acaba de salir para ésa un oficial, cuyo nombre no he podido averiguar, con despachos para el Gobierno”.

20 de setiembre de 1806
EN INGLATERRA FESTEJAN SIN SABER DE LA DERROTA. El 17 de setiembre de 1806, después de recibir en Londres (Inglaterra) las noticias de la toma de Buenos Aires enviadas por el General GUILLERMO CARR BERESFORD y de haberse paseado por sus calles el tesoro saqueado en esa ciudad por las tropas invasoras, el rey de Gran Bretaña presidiendo en persona el Consejo de Ministros, declaró conquistada la ciudad de Buenos Aire y sus dependencias, decretando el libre comercio con la nueva posesión de conformidad con los reglamentos vigentes de sus otras colonias.

25 de setiembre de 1806
SE AVECINAN BUENOS NEGOCIOS PARA LA CORONA. En su edición del 25 de setiembre de 1806, el diario “Times” de Londres publica un extenso artículo ofreciendo un detallado informe sobre la situación y el estado de la ciudad de Buenos Aires, destacando las ventajas que se derivarían de su conquista.

7 de octubre de 1806
INGLESES APURADOS SON APRESADOS. En octubre de 1806, dos barcos con bandera inglesa, cargados de mercaderías que pensaban vender en Buenos Aires, cuyo gobierno, creían, aún era ejercido por sus compatriotas, son apresados, ni bien hacen fondo frente al puerto de esta ciudad. Interrogados los capitanes de esas naves, se supo que estas embarcaciones eran la avanzada de una importante flotilla, también cargada con mercaderías, que enviaban las autoridades británicas, ignorando que a esa fecha, ya se había producido la derrota de sus tropas y la consiguiente Reconquista de Buenos Aires.

8 de octubre de 1806
LLEGAN TARDE LOS REFUERZOS PARA LOS INVASORES08. Luego de haber sido expulsados de Buenos Aires, durante las gloriosas jornadas de la Reconquista, la flota inglesa mantuvo una permanente amenaza sobre las dos bandas del Río de la Plata y el 8 de octubre de 1806, les llegó un refuerzo de 2.000 hombres, que les envió el gobierno británico, ignorando aún, que su intento de invasión había fracasado.

12 de octubre de 1806
SOBREMONTE SE REFUGIA EN MONTEVIDEO. RAFAEL DE SOBREMONTE, depuesto por el Cabildo Abierto de Buenos Aires el 14 de agosto de 1806 como virrey del Río de la Plata, a la espera de la decisión final que en este asunto tomará el rey de España, el 12 de octubre de 1806 llega a Montevideo procedente de Buenos Aires. En 1809 regresó a España y en 1813, acusado de mal ejercicio de sus funciones como virrey,  fue sometido a juicio por un consejo de guerra que lo absolvió. También el resultado de este proceso fue muy discutido, porque se afirmó que los testimonios en su contra no fueron tomados en cuenta. Lo cierto es que el marqués, que entonces tenía 68 años, poseía a su favor una excelente foja de servicios. Había combatido muchas veces a favor de su país y como virrey realizó obras públicas, facilitó el comercio y apoyó la industria. Hizo acuerdos con grupos indígenas e introdujo la vacuna contra la viruela. En 1814 el rey lo ascendió a mariscal de campo y lo nombró consejero de Indias. A los 75 años, viudo desde hacía mucho tiempo, volvió a casarse con una dama mucho menor que él. Su familia se opuso considerando que era una locura senil, ya que la novia no poseía ni un centavo. Sobremonte murió muy pobre en 1827.

16 de noviembre de 1806
VIAJA A MADRID UN ENVIADO DEL CABILDO PARA RECLAMAR HONORES PARA LA CIUDAD DE BUENOS AIRES. En noviembre de 1806, el capitán JUAN MARTÍN DE PUEYRREDÓN, delegado del Cabildo de Buenos Aires ante la corte, llegó a Madrid, con la misión de solicitar honores para la ciudad de Buenos Aires, con motivo de la Reconquista, pretensión que era compartida por el Cabildo de la Banda Oriental, como lo demuestra que al llegar PUEYRREDÓN a la capital española, ya se encontraban allí los delegados orientales. En razón del bloqueo que en esos momentos aún mantenían los ingleses sobre los puertos de Buenos Aires y Montevideo, el enviado porteño tuvo que viajar por tierra hasta Río de Janeiro, para embarcarse en ese puerto en viaje por mar hacia Europa y eso lo demoró tanto que cuando llegó, ya se hablaba en Madrid, de “Montevideo, la muí leal y reconquistadora”.

En 1807 aparece como anónimo (se dice que su autor sería PANTALEÓN RIVAROLA) el poema “Romance heroico” en el que se hace una relación circunstanciada de la gloriosa Reconquista de la ciudad de Buenos Aires.

REPERCUSIÓN DE LA PRIMERA INVASIÓN DE LOS INGLESES EN GRAN BRETAÑA.
Las comunicaciones de BERESFORD a lord CASTLEREAGH, y de POPHAM a lord MELVILLE, anunciándoles su salida de Ciudad del Cabo hacia el Río de la Plata, con el objeto de apoderarse de la ciudad de Buenos Aires, fechadas el 30 de abril de 1806, sólo llegaron a Londres el 24 de junio. Pero no las recibieron sus destinatarios, porque CASTLEREAGH no era ya ministro de Guerra, ni MELVILLE lord mayor del Almirantazgo. El 23 de enero había muerto PITT y a su gabinete conservador (los “tory”), le sucedió un gobierno liberal (whig”), conocido como de “Todos los Talentos” por el prestigio de sus integrantes. Estaba presidido por lord WILLIAM GRENVILLE, su ministro de guerra era WILLIAM WINDHAM y CHARLES JAMES FOX, un pacifista que aspiraba a lograr con Napoleón un arreglo duradero, tenía a su cargo la cartera de Relaciones Exteriores.

Los informes de Ciudad del Cabo sumieron al nuevo gabinete en la perplejidad: nada sabía lord GRENVILLE sobre los propósitos de su antecesor. PITT y MELVILLE solían resolver las expediciones “por si y ante si”, sin consultar al gabinete, ni las ponía en conocimiento de sus empleados ni de FRANCISCO MIRANDA, que hubiera podido aclararles algo la cuestión.

Esta situación obligó a WINDHAM a contestarle a BERESFORD un mes después, con instrucciones vagas y generales. De cualquier manera, una cosa era clara: Beresford no debía entrometerse en los asuntos de la Independencia que pretendían los criollos. El Almirantazgo, en cambio, fue más severo con POPHAM: el 28 de julio le envió un lacónico despacho, ordenándole presentarse a dar explicaciones por haberse excedido en sus atribuciones al decidir la invasión de Buenos Aires.

Euforia en Inglaterra. Pero el desconcierto y las tribulaciones del gabinete británico cedieron paso a una alegría desbordante, cuando el 12 de setiembre de 1806, las noticias de la toma de Buenos Aires, junto con el tesoro, llegaron al puerto militar de Ports mouth, a bordo de la fragata “Narcissus”, fletada por BERESFORD con los dineros rapiñados. La buena nueva fue trasmitida a Londres esa misma noche por telégrafo visual” (un procedimiento de señales luminosas en cadena) y se publicó en boletines especiales que aparecieron en la madrugada del 13 de setiembre en la capital británica.

En los días sucesivos, “The Times” —el más importante diario de Inglaterra, fundado en 1785— comentó con entusiasmo el éxito de la expedición al Río de la Plata. El Consejo de la ciudad de Londres —autoridad municipal—- otorgó a BERESFORD y a POPHAM la ciudadanía honoraria y les obsequió sendas espadas de honor, con un valor de 200 guineas cada una. Todo por “su valerosa conducta” y por abrir “una nueva fuente de comercio a las manufacturas de la Gran Bretaña, despojando a sus enemigos, de una de las más ricas y más extensas colonias en su posesión”.

Entre los comerciantes y banqueros, el entusiasmo alcanzó límites incalculables. POPHAM había enviado desde Buenos Aires una circular a las autoridades de las ciudades industriales de Inglaterra, informándoles de las ventajas de la conquista y las perspectivas que se abrían para los productos y el comercio inglés. El presidente del Lloyd’s —el centro financiero y comercial de Londres por esa época— recibió una nota similar del marino inglés.

El clima de euforia que reinaba entre el pueblo en general, pero especialmente entre los comerciantes, llevó al gobierno a oficializar la conquista. “The London Gazette”, el periódico oficial, publicó el 20 de setiembre la esperada proclama real: “La ciudad y fortaleza de Buenos Aires, con sus dependencias, son parte de los dominios de Su Majestad…”. El gobierno británico dispuso la apertura del comercio entre el Río de la Plata e Inglaterra y más de cien barcos con mercancías zarparon hacia Buenos Aires.

El ministro de Guerra contestó los partes de BERESFORD, expresándole que el rey aprobaba su conducta y la de sus tropas, y prometiéndole el envío inmediato de refuerzos para afianzar “esas posesiones de tan grandes ventajas políticas y comerciales”. También el Almirantazgo se suavizó con POPHAM: el 25 de setiembre le reiteró su desaprobación por haber iniciado una operación tan importante sin autorización del gobierno pero, en vista del éxito obtenido, le acordaba su entera aprobación por su “juiciosa, hábil y animosa conducta”.

Mientras tanto, el gobierno británico juega la toma de Buenos Aires como una importante carta a su favor en la política europea. Muerto FOX, el pacifista ministro de Relaciones Exteriores, lord GRENVILLE, renueva las instrucciones a lord JAMES MAITLAND LAUDERDALE, enviado a Francia para lograr la paz con Napoleón: debe sacar las mayores ventajas de la devolución de Buenos Aires o, en su defecto, amenazar con la conquista total de América del sur. “De cualquier modo, en los acuerdos ha de quedar a salvo el comercio libre con el puerto capturado”. Cuando las gestiones de paz fracasan, narra un historiador inglés, los banqueros y comerciantes reunidos en el Lloyd’s, al recibir la noticia, prorrumpieron en abrazos frenéticos: Buenos Aires, el flamante mercado, felizmente, no había sido negociado.

El tesoro de Buenos Aires, una presa codiciada por los ingleses.
Cuando a principios de mayo de 1806 la escuadra inglesa navegaba hacia el Río de la Plata, los jefes de la expedición ya tenían resuelto un problema para ellos muy importante. 15 días antes, BAIRD, BERESFORD y POPHAM, habían convenido la forma de distribución del tesoro que sospe­chaban se hallaba en Buenos Aires, a la espera de ser trasladado a España y según las leyes navales inglesas, los caudales eran “buena presa”. El convenio reservaba a Baird la cuota del jefe, por haber autorizado la expedición.

La existencia del tesoro fue confirmada el 9 de junio, cerca de Montevideo, por un escocés llamado RUSSEL, pasajero de una goleta de bandera portuguesa. Las informaciones de RUSSEL fueron estimulantes para los ingleses: “Una gran suma de dinero ha llegado a Buenos Aires desde el interior. La ciudad está protegida solamente por una poca tropa de línea, cinco compañías de indisciplinados blandengues y canalla popular. La festividad de Corpus Christi, que se aproxima y atrae  la atención de todos, terminando en una escena de borrachera general y tumulto, será la crisis más favorable para un ataque contra la ciudad”.

El 28 de junio, sobre el Fuerte de Buenos Aires flameaba la bandera inglesa. La ciudad había caído sin resistir. Se discuten los términos de la capitulación. BERESFORD exige, como principal condición, la entrega de los caudales reales que SOBREMONTE había guardado en Lujan. El virrey accede ante los emisarios del jefe invasor y, protegido por soldados ingleses, el tesoro real, desanda el camino de la fuga. El 5 de julio, las carretas con su preciosa carga llegan a Buenos Aires y doce días después, la fragata “Narcissus” zarpa hacia Gran Bretaña con la carga asi robada.

La llegada del tesoro a Inglaterra es triunfal. En Portsmouth, donde la “Narcissus” ha anclado el 12 de setiembre, una multitud despide a los ocho grandes carros —cada uno lleva cinco toneladas de pesos plata— que parten hacia Londres, adornados con las banderas españolas tomadas en Buenos Aires. Los londinenses reeditan, multiplicado, el júbilo de Portsmouth.

Precedidos por piquetes de caballería y bandas de música, los carruajes reco­rren las principales calles rumbo al Banco de Inglaterra, donde los caudales quedan depositados a la espera de su distribución entre las fuerzas invasoras. Lo que los ingleses no imaginaban entonces, es que, cuando ellos festejaban el éxito de la invasión, hacía ya un mes que Buenos Aires había sido recuperada por los porteños.

El reparto de “la presa” se hizo, finalmente, en 1808, después de una áspera disputa entre BERESFORD y POPHAM,  por la interpretación del convenio que ambos habían firmado en Santa Elena: de acuerdo con el fallo de las autoridades. 296.187 libras, 3 chelines y 2 peniques se repartieron entre 2.841 participantes en el ataque a Buenos Aires (1.235 del Ejército y 1.606 de la Marina). El general BAIRD recibió 35.985 libras; BERESFORD, 11.995. El resto se distribuyó en una proporción aproximada de 7 mil libras para los jefes superiores de tierra y mar, 750 para los capitanes, 500 para los tenientes. 170 para los suboficiales y 30 para cada soldado y marinero.

HOME POPHAM es llevado a juicio (00/10/1806)
El bergantín inglés “London”, que llegó ayer a esta rada, trajo una noticia sorprendente: el comodoro sir HOME POPHAM fue juzgado y sentenciado por una corte marcial constituida al efecto, acusado de actuar en el Plata sin la correspon­diente orden de su gobierno, dejando para ello des­guarnecida la plaza del Cabo de Buena Esperanza”.

Así rezaba la noticia aparecida en “La Gazeta”, dando cuenta del juicio que se le iniciara al comandante naval de la fracasada primera invasión de los ingleses a Buenos Aires. Fue natural la satisfacción que ella traía a los sufridos porteños, que lejos estaban de imaginar, que Inglaterra ya estaba pensando en una nueva invasión a estas tierras y los hechos demostraron después que eso del juicio a POPHAM fue solamente una farsa montada para desligar al gobierno inglés del fracaso de una expedición, de cuyos más pequeños detalles, estaban perfectamente al tanto, responsabilidad que no podían dejar al descubierto, sin denunciar su inquebrantable decisión de quedarse con las supuestas riquezas que se imaginaban podían obtener, dominando estos territorios, que legalmente le pertenecían a España, país que en esos momentos, no convenía poner en contra.

POPHAM estaba en esos momentos con su escuadra bloqueando Montevideo y a la espera de los refuerzos procedentes del Cabo y de Inglaterra, cuando recibió la orden de regresar a Inglaterra para ser juzgado por un consejo de guerra. Se embarcó inmediatamente y al llegar a su patria, debió constituirse en arresto hasta la iniciación del juicio.

Por orden del Almirantazgo la corte marcial estaba compuesta por un almirante, cuatro vicealmirantes, tres contralmirantes y cinco capitanes de navío, número inusitado que sorprendió mucho. Los periódicos comentaban abundan­temente el caso y opinaron sobre las razones de la ani­mosidad del Almirantazgo hacia el acusado marino. Entre ellas se mencionaba la amistad que lo unía al canciller PITT y su disconformidad con la actual política del gobierno.

La causa fue rápidamente substanciada. En hábil defensa, POPHAM  reconoció que, si bien había actuado sin tener “positivas órdenes ni expresa autoridad para , un empleo de esa especie de las fuerzas a mis órdenes”, la grandeza de Inglaterra se debía en buena parte al espíritu de responsabilidad y de iniciativa de sus marinos”.

La sentencia pronunciada el 7 de marzo de 1807 dice textualmente: “La Corte es de parecer que la conducta de sir HOME POPHAM merece ser gravemente censurada, por haber retirado del Cabo de Buena Esperanza la totalidad de las fuerzas navales que mandaba,  llevándolas al Río de la Plata; pero en consideración a las circunstancias, se limita a declararle muy reprensible, y en consecuencia le i reprende”.

Al regresar a tierra luego de dictada la sentencia, POPHAM fue ovacionado por un público numeroso que seguía con interés el proceso y el gobierno “de su graciosa majestad”, aceptó la decisión del tribunal. Es de señalar que POPHAM, restituido a su mando, comandó la flota que bombardeó la capital de Dinamarca y hundió la flota danesa que le salió al encuentro. La incursión naval dirigida por POPHAM se debió, según trascendió, al deseo de frustrar una posible alianza entre Dinamarca y NAPOLEÓN, lo que llevó al gobierno británico a intimidar al gobierno de Copenhague con esa acción.

SEGUNDA INVASIÓN DE LOS INGLESES AL RIO DE LA PLATA.
El 9 de noviembre de 1806, INGLATERRA DECIDE UNA SEGUNDA INVASION A LA CIUDAD DE BUENOS AIRES. Luego del fracaso sufrido en su primera invasión a Buenos Aires (12 de agosto de 1806), Inglaterra decidió efectuar una segunda empresa destinada a conquistar el virreinato del Río de la Plata, pero ya con la experiencia recogida, esta vez decide atacar primero a la ciudad de Montevideo, cuya estratégica ubicación le permite dominar eficazmente el Río de la Plata

Para ello, dispone que una formidable fuerza terrestre con el apoyo de poderosas unidades navales, al mando del general SAMUEL AUCHMUTY, parta desde el puerto de Plymounth hacia ese destino

14 de enero de 1807
El comandante de la fuerza invasora, SAMUEL AUCHMUTY, llega al Río de la Plata y desde su puesto de comando en la fragata “Diadema”, intima a RAFAEL DE SOBREMONTE, la rendición de la plaza de Montevideo. Y allí se demuestra una vez más la incapacidad del virrey para defender estos territorios. Dejó que los ingleses procedieran a desembarcar, sin atinar a efectuar el más mínimo movimiento o acción para impedirlo.

16 de enero de 1807.
LOS INVASORES INGLESES DESEMBARCAN EN LA BANDA ORIENTAL. El General británico SAMUEL AUCHMUTY desembarca en El Buceo, en la costa oriental del Río de la Plata, a tres leguas de Montevideo, primer objetivo de la nueva intentona para consolidar la ocupación del Río de la Plata, en nombre de la corona británica.

17 de enero de 1807
SOBREMONTE INTENTA DETENER AL INVASOR. El virrey SOBREMONTE, reacciona tarde y habiendo esperado, sin razón alguna que lo justificara, que el invasor desembarcara y se instalara en una posición ventajosa con todas sus fuerzas y equipos, el 17 de enero de 1807  destacó 800 hombres al mando del coronel ALLENDE, siguiéndolos en la retaguardia con el grueso de sus tropas. Una carga de la infantería inglesa, apoyada por el fuego naval, dispersó a las fuerzas de Allende e igual suerte corrieron las milicias de SOBREMONTE tres días después. Sin embargo, de poco les sirvió a los ingleses esta ocupación,. Las guerrillas orientales se organizaron mejor y con sus “paisanos en armas” mantuvieron a los ingleses, prácticamente sitiados en Maldonado, con dificultades para abastecerse y aún, para moverse.

20 de enero de1807
LOS INGLESES PONEN SITIO A MONTEVIDEO. La infantería inglesa, que había desembarcado en el puerto del Buceo, en la costa oriental del Río de la Plata, luego de dispersar las fuerzas del Coronel ALLENDE enviados por el virrey SOBREMONTE para detener su desembarco y luego de que tres días después, corrieran  igual suerte los milicianos que comandados por SOBREMONTE, avanzan sobre Montevideo y le ponen sitio a esa Plaza, cuya defensa había quedado a cargo del brigadier RUÍZ HUIDOBRO, desbaratándose así todo intento de resistencia a este nuevo avance de la corona inglesa sobre las colonias de España en América.

21 de enero de 1807
El Cabildo de Montevideo envía urgentes pedidos de ayuda al de Buenos Aires y en respuesta, le fue enviada una fuerza de veteranos compuesta por 500 hombres al mando del subinspector ARCE, quien, burlando la vigilancia de la escuadra inglesa,  pudo entrar en la ciudad sitiada por mar el 1º de febrero, mientras LINIERS llegaba al frente de unos 2.000 milicianos a la ciudad de Colonia, con la intención de marchar hacia Montevideo. Pero una vez más la impericia de SOBREMONTE frustró sus intentos. Una vez en tierra oriental advirtió que las seguridades dadas por el marqués de Sobremonte para facilitarle los medios de transporte para trasladar a su tropa hasta la ciudad de Montevideo, se habían tornado ilusorias. En Colonia del Sacramento no había caballos, mulas ni carretas disponibles y mientras LINIERS intentaba requisar los medios necesarios, le llegó la noticia de la caída de Montevideo, por lo que, con buen criterio, resolvió regresar a Buenos Aires con sus hombres para preparar la defensa de la ciudad porteña.

24 de enero de 1807
LOS INGLESES BOMBARDEAN MONTEVIDEO. El general inglés SAMUEL AUCHMUTY, que sitiaba la ciudad de Montevideo, en la madrugada del 24 de enero de 1807 rompió el fuego contra los sitiados y sometió a la apacible ciudad oriental a un intenso cañoneo, tanto desde tierra como desde sus naves ancladas en el Río de la Plata, arrojando tal cantidad de proyectiles que la ciudad quedó casi destruída, permitiendo así que por algunas de las brechas abiertas en sus murallas, entraron los soldados ingleses.

2 de febrero de 1807
El General inglés SAMUEL AUCHMUTY, entonces, luego de mantenerla sitiada durante 13 días, llevó un ataque por tres puntos a la ciudad de defendida a la sazón por el general español PASCUAL RUIZ HUIDOBRO y lo intima a la rendición, que no es aceptada

3 de febrero de 1807
LOS INVASORES INGLESES TOMAN LA CIUDAD DE MONTEVIDEO. En la madrugada del 3 de febrero de 1807, el General inglés SAMUEL AUCHMUTY, que el día anterior había intimado la rendición al Gobernador de Montevideo PASCUAL RUIZ HUIDOBRO, llevó un ataque demoledor contra la ciudad, iniciando el asalto final por el portón de San Juan, que defendía el capitán MORDEILLE, uno de los heroicos protagonistas de la Reconquista de Buenos Aires en 1806, que con sus húsares, trató vanamente  de impedir el acceso al bastión que defendía, y que cayó atravesado por las bayonetas de los soldados del regimiento 40 de infantería británica.

La lucha fue corta pero muy violenta: trescientas bajas de los ingleses, entre muertos y heridos, y unas ochocientas de los defensores de la plaza, dan cuenta de la intensidad de la refriega y  pese a la tenaz resistencia ofrecida, finalmente, las tropas inglesas logran doblegar su resistencia y entran triunfante a la ciudad. Toman prisionero al Gobernador RUIZ HUIDOBRO y a toda la plana mayor de los defensores. Enarbolan la bandera del imperio Británico  e  inmediatamente después de la toma de la ciudad, se produjeron saqueos y actos de violencias por parte de la soldadesca invasora, que tuvo que ser enérgicamente reprimida enérgicamente por algunos de sus oficiales.

4 de febrero de 1807
Enterado de la caída de Montevideo en mano de los invasores ingleses, el 4 de febrero de 1807, el capitán de navío SANTIAGO DE LINIERS al mando de una expedición de auxilio, se dirige hacia la ciudad tomada.

6 de febrero de 1807
SE FUGAN DE LUJAN LOS PRISIONEROS INGLESES. El general WILLIAM CARR BERESFORD, jefe de la expedición que invadió Buenos Aires en 1806 y el teniente coronel DENIS PACK, jefe del regimiento 71 de “Highlanders”, que se hallaban confinados en Luján, luego de ser derrotados y tomados prisioneros por las fuerzas de Buenos Aires que al mando de SANTIAGO DE LINIERS habían logrado la reconquista de la ciudad, en febrero de 1807 (juramentados para no tomar las armas contra Buenos Aires) se fugan, no obstante la palabra dada  y de inmediato se dirigen hacia Montevideo, donde se encuentran sus camaradas al mando de AUCHMUTY, preparando la que fue la segunda invasión inglesa al Río de la Plata..

10 de febrero de 1807
DEPOSICIÓN DEL VIRREY SOBREMONTE. La consecuencia política más importante de la caída de Montevideo fue, sin duda, la deposición del marqués de SOBREMONTE de su cargo de virrey. El hecho marca la culminación del proceso iniciado el 14 de agosto de 1806, cuando el Cabildo de Buenos Aires resolvió que el virrey entregara a Liniers el mando militar de la ciudad. Ahora no solamente se lo depondrá, sino que incluso se ordenará su detención en lugar seguro. El 6 de febrero de 1807, había llegado a Buenos Aires la noticia de la caída de Montevideo. A la preocupación que suscitó esta mala nueva,  se le  sumó la indignación de todos los círculos al conocerse la inepta actuación de SOBREMONTE. Apenas conocida la noticia, LINIERS convocó a una Junta de Guerra, a la que asistieron los miembros del Cabildo, algunos funcionarios de la Audiencia y cierto número de vecinos caracterizados, mientras en la Plaza Mayor, un numeroso concurso de vecinos vivaba a la Patria y al Rey, profiriendo “mueras” contra el virrey y la Audiencia, a la que se sospechaba de defender la actitud del marqués.

La sesión fue agitada, aunque  nadie intentó hacer la defensa del virrey. El alcalde MARTÍN DE ÁLZAGA pidió la inmediata deposición y el apresamiento del marqués de SOBREMONTE, expresando que “ante el peligro no hay más ley que la salvación del pueblo”, mientras que el fiscal de la Audiencia, doctor COE, sostuvo que la decisión debe partir de ese organismo, según expresas disposiciones de las Leyes vigentes. Finalmente se resolvió que la Audiencia tome las medidas solicitadas por esa Junta de Guerra. Sin embargo, ante la demora por parte de la Audiencia de efectivizar el pronunciamiento aprobado,  se convocó a un Congreso General para el 10 de febrero.

Este Congreso se reunió en los salones del Cabildo y fue integrado por un centenar de vecinos pertenecientes a diferentes sectores de la sociedad porteña, por lo que fue consideraba auténticamente representativa del sentir del pueblo. Puesto el tema en debate, las posiciones oscilaron entre la deposición lisa y llana del virrey, o su suspensión en el cargo y fue el comandante de marina GUTIÉRREZ DE LA CONCHA, fue quien con su voto, decidió la votación, al manifestar enfáticamente que “ni siquiera las tropas veteranas lucharían con energía si el virrey SOBREMONTE continuaba en el mando”.

Finalmente, pese a la mayoría de opiniones en contrario, se decidió suspender en su cargo al marqués de SOBREMONTE y “asegurar su persona con el debido decoro y ocupado en sus papeles, cartas y correspondencia”. De inmediato se comisionó a dos miembros del Cabildo y uno de la Audiencia, para notificar al ex virrey esta resolución y proceder a su detención. Recién el 17 de febrero fue posible localizar al funcionario, que estaba instalado en la Posta de Durán, cerca de Colonia en la Banda Oriental. Versiones de testigos presenciales, aseguraron que el marqués se indignó al recibir a los enviados de Buenos Aires y hasta intentó hacerlos apresar por la escasa y desmoralizada fuerza que lo acompañaba. Entrado en razón por sus mismos ayudantes, el marqués se entregó sin resistencia.

10 de febrero de 1807
Destituído el virrey Sobremonte por un Congreso General convocado por el Cabildo, se designa interinamente en su reemplazo a SANTIAGO DE LINIERS, quien será investido oficialmente el 29 de junio de 1807.

22 de febrero de 1807
SOBREMONTE  desembarcó, como simple particular, en el puerto de San Fernando, y allí quedó confinado en la quinta que allí poseían los padres bethlemitas. Por primera vez en la historia de América un representante de Su Majestad era expulsado de su cargo por voluntad del pueblo, un hecho, importantísimo en sí mismo y quizás precursor de otros que se vivieron después en la Argentina.

5 de marzo de 1807
El renegado teniente coronel DENIS PACK, sin mayores obstáculos, tomó por asalto la localidad de la Colonia, pero hostilizado por el coronel FRANCISCO JAVIER DE ELÍO, sin poder establecer contacto con sus compatriotas que estaban en Montevideo.

8 de marzo de 1807
Al no poder entrar a la ciudad de Montevideo en poder de los ingleses, el 8 de marzo de 1807, la expedición de auxilio mandada por SANTIAGO DE LINIERS, regresa a Buenos Aires.

16 de marzo de 1807
El Coronel FRANCISCO JAVIER DE ELÍO, es designado para reemplazar a RUÍZ HUIDOBRO como Gobernador de Montevideo.

Abril de 1807
EN VÍSPERAS DEL ATAQUE FINAL A BUENOS AIRES. Dueños de Montevideo, mientras los navíos británicos  patrullaban permanentemente el estuario y algunos de porte menor recorrían la costa desde el Delta hasta la ensenada de Barragán, buscando sin duda un lugar adecuado para el desembarco en Buenos Aires, el grueso de las tropas invasoras, permanecía en Montevideo, afanosamente ocupados vendiendo las mercaderías que trajeron algunos buques mercantes que llegaron con la expedición y tratando de difundir la idea  de sacudirse el yugo español (para ceñirse el de su graciosa majestad por supuesto) que, como es natural, no encontraban eco ninguno en la población.

La ciudad del Cerro parece una gran feria: los mercachifles alquilan casas de familia y zaguanes para exponer sus géneros y objetos, que la población compra en cantidad dado su baratura y buena calidad. Las calles desbordaban de multicolores piezas de género y muestrarios de toda clase de mercaderías. Pero no todo era comercio. La verdadera intención de los invasores era apoderarse del Virreinato del Río de la Plata, para lo cual forzosamente debía tomar Buenos Aires. Este era el objetivo que los obsesionaba y el tema dominante de sus conversaciones.

21 de abril de 1807
El coronel DE ELÍO DESEMBARCA EN COLONIA DISPUESTO A DESALOJAR A LOS INVASORES INGLESES El recientemente nombrado Gobernador de Montevideo, Coronel español FRANCISCO JAVIER DE ELIO con una fuerza de milicia reclutada en Buenos Aires, desembarca en Colonia del Sacramento intentando sorprender al Comandante del Fuerte, el Coronel inglés DENIS PACK, para proseguir luego hasta Montevideo con la misión de recuperar esa plaza del control de los ingleses

10 de mayo de 1807
LOS INGLESES ESTACIONADOS EN MONTEVIDEO, RECIBEN NUEVOS REFUERZOS: 1.500 hombres al mando del teniente general JOHN WHITELOCKE, que había  tomado el comando general de las fuerzas expedicionarias. Posteriormente, el 15 del mismo mes, arribaron 4.000 soldados más, que, a las órdenes del brigadier ROBERT CRAWFURD, habían sido destinados originariamente a Chile, pero que fueron desviados al Río de la Plata, cuando en Londres llegó la noticia de la reconquista de Buenos Aires. De este modo, unos 12.000 hombres bajo las banderas inglesas se aprestaban al ataque definitivo contra la ciudad porteña..

12 de mayo de 1807
Los ingleses, instalados en Montevideo, como paso previo a la segunda invasión que llevarán sobre Buenos Aires, reanudan la edición del periódico “Estrella del Sur”

8 de junio de 1807
El  coronel DENIS PACK del ejército invasor inglés, atacó por sorpresa al Gobernador de la Banda Oriental, general FRANCISCO JAVIER DE ELÍO, en San Pedro, a unas cinco leguas de la Colonia consiguiendo arrebatarle seis piezas de campaña, un estandarte, trescientos fusiles y ciento cinco prisioneros, entre éstos algunos jefes y oficiales, aunque no consiguió tomar el punto por defenderlo tenazmente la infantería española y criolla.

14 de junio de 1807
Llega a Montevideo la escuadra inglesa mandada por el almirante MURRIA y STERLING, convoyando 32 transportes a cuyo bordo venían cuatro mil hombres, convoyando 32 transportes a cuyo bordo venían cuatro mil hombres, comandados por el general CRAWFURD. Con este refuerzo, el general en jefe de todas las fuerzas inglesas en el Río de la Plata, JOHN WHITELOCKE, .tomó las últimas disposiciones que juzgó necesarias para realizar el plan de operaciones que había coordinado, para cumplir con la misión de tomar la ciudad de Buenos Aires y ponerla bajo el dominio de su majestad británica, según las instrucciones que el gabinete inglés le había dado el 5 de marzo del corriente año y ordena que el ejército se concentre en la Colonia del Sacramento y que en Montevideo queden solamente algunas tropas veteranas, 200 marineros y las milicias del lugar organizadas por los invasores  El total de tropas reunidas para la invasión era entonces de 7.822 hombres, sin contar los oficiales y marineros. Estaban divididas en cuatro brigadas, que mandaban los generales AUCHMUTY, LUMLEY, CRAWFURD y el Coronel MAHÓN.

24 de junio de 1807
COMIENZA EL EMBARQUE DE LOS INGLESES PARA DIRIGIRSE A BUENOS AIRES. El Ejército inglés, compuesto por 10.000 hombres al mando del Teniente General JOHN WHITELOCKE, reunido en Colonia del Sacramento, EL 24 de junio de 1807 comienza las tareas de embarque para dirigirse hacia Buenos Aires con el objetivo de apoderarse de la ciudad.

BUENOS AIRES EN ARMAS. El 24 de junio de 1807, se realizo en Buenos Aires, una revista general de las fuerzas que se aprestaban a resistir el inminente ataque británico. SANTIAGO DE LINIERS, recientemente nombrado virrey provisorio del Río de la Plata, presidió la formación, en la que hicieron ejercicios de guerra y desfilaron los cuerpos que luego de la primera invasión se habían formado en Buenos Aires..

El público, que asistió con entusiasmo a las maniobras y ejercicios que se realizaban, aplaudió especialmente a los batallones de Patricios v Húsares que se habían destacado en los hechos de armas que habían tenido por escenario esta ciudad.

Estos cuerpos, más los Arribeños, Pardos y Morenos, Migueletes y los que se formaron con los españoles peninsulares, mostraron que en el escaso tiempo que habían tenido disponible, habían logrado disciplinarse y adquirir aceptable capacidad  para el combate.

JUAN MARTÍN DE PUEYRREDÓN, jefe del Primer Escuadrón de “Húsares”, que en esos momentos estaba en España, envió a sus soldados una proclama que fue leída entre vivas aclamaciones. Recuerda PUEYRREDÓN en ella, que los ingleses son enganchados y mercenarios, mientras que los húsares son patriotas y voluntarios, y afirma que sobre la destrucción del invasor, se logrará el engrandecimiento de la Patria. “Los que beben las aguas del río de la Plata —finaliza el mensaje de PUEYRREDÓN— no ceden en valor a los del Ferrol, Canarias, Habana, etc.”

Con el auxilio de los pueblos del interior y hasta con ofrecimientos de ayuda por parte de los indios pampas (que fueron declinados), Buenos Aires ha puesto sobre las armas siete mil hombres para resistir al invasor,  mostrando la solidaridad de todo el virreinato con el pueblo porteño, que se aprestaba  a vivir nuevas jornadas de gloria, como las que culminaron el 14 de agosto del año anterior.

26 de junio de1807
EL INVASOR INGLÉS PARTE HACIA BUENOS AIRES. El Ejército inglés, compuesto por 10.000 hombres al mando del General JOHN WHITELOCKE, reunido en Colonia del Sacramento, parte hacia Buenos Aires en 90 naves de diversos tipos, protegidas por 26 buques de guerra,

28 de junio de 1807
SEGUNDA INVASIÓN INGLESA. Un año y un día después del primer intento realizado por los ingleses para apoderarse de Buenos Aires, una nueva fuerza invasora, compuesta por unos diez mil soldados, transportados en 110 buques de guerra y transportes de la armada inglesa, comandada por el general JOHN WHITELOCKE, llega a la costa occidental del Río de la Plata el 28 de junio de 1807 y desembarca en la Ensenada de Barragán, a sesenta kilómetros de Buenos Aires, marchando luego desde allí hacia Quilmes.

Eran la flor y nata de las fuerzas británicas, pues después del fracaso de la primera invasión a las colonias españolas en el Río de la Plata, Inglaterra decidió efectuar un segundo intento, pero esta vez, con la experiencia recogida, los invasores se presentaron más fuertes en número y armamento.

Venían seguros de la victoria, después de apoderarse de Montevideo y la Banda Oriental, casi sin luchar y venían ahora a completar su intento de apoderarse de Buenos Aires, para luego dominar el virreinato del Río de la Plata.

Esta expedición, nuevamente, como en la primera invasión, tuvo que vencer grandes obstáculos debido a la naturaleza del terreno, esta vez agravados por las continuas escaramuzas que hubo de sostener con los Húsares, mandados por el Capitán RODRÍGUEZ. La cantidad de soldados de WHITELOCKE era considerablemente mayor, comparado con los que trajo BERESFORD cuando éste se apoderó de Buenos Aires en 1806, pero los tiempos y las cosas habían cambiado mucho. En 1806, Beresford encontró un pueblo descuidado, no acostumbrado a batirse y sin asomo de organización; en cambio WHITELOCKE iba a tener que combatir con un pueblo prevenido, bien armado, entusiasta, y que ya conocía el sabor de la victoria.

Designado por el Cabildo de Buenos Aires, el 29 de junio de 1807. SANTIAGO DE LINIERS asume como décimo Virrey del Río de la Plata en calidad de “provisorio”.

29 de junio de 1807
Los días 29 y 30 los invasores avanzaron rumbo a Buenos Aires, sin encontrar más dificultades que las ocasionadas por partidas aisladas de gauchos, que temerariamente, les salían al encuentro para hostigarlos. Estos valientes paisanos, validos de su movilidad (los ingleses carecían de caballería), lograron hacer prisioneros a algunos oficiales y perturbar las comunicaciones entre los distintos regimientos. Pero desde luego no lograron impedir la continuación de la marcha de los ingleses, que el 1º  de julio,  llegaron y se estacionaron en la reducción de Quilmes.

30 de junio de 1807
SANTIAGO DE LINIERS, habiendo tomado conocimiento del desembarco inglés en la Ensenada de Barragán,  al mando de casi la totalidad de las tropas disponibles (salvo un Batallón de los Patricios que dejó como resguardo), se dirigió hacia el Riachuelo el 30 de junio de 1807 y luego de cruzarlo, se apostó con sus fuerzas en su margen derecha, a la altura del Puente de Gálvez, esperando allí al enemigo,  pero el contacto con el invasor no se produjo allí (luego fue duramente criticado por dejar a la ciudad virtualmente indefensa y luego, por colocarse en un lugar que le dejaba, un estrecho margen de maniobra, ya que el cauce del Riachuelo estaba a sus espaldas)..

1º de julio de 1807
Los invasores ingleses al mando del general WHITELOCKE, se estacionan en la reducción de Quilmes.

2 de julio de 1807
COMBATE EN LOS CORRALES DE MISERERE. Durante la segunda invasión inglesa, las fuerzas al mando de SANTIAGO DE LINIERS son derrotadas por los invasores en este lugar, hoy Plaza Miserere (hoy Plaza Once) en la ciudad de Buenos Aires. La vanguardia británica, al advertir la presencia de LINIERS, cuya maniobra lo ubicaba en una posición ventajosa para el combate, lo eludió y remontó la margen derecha del Riachuelo. Hizo cruzar a sus tropas por el Paso de Burgos, a dos leguas, aguas arriba y se dirigió a los Corrales de Miserere, donde se instaló el 2 de julio al mediodía, en tanto, WHITELOCKE, con el grueso de sus fuerzas, se mantenía en Quilmes, aguardando noticias de su vanguardia.

Frustrada así su maniobra y confirmado por sus exploradores que la vanguardia del enemigo ya había vadeado el Riachuelo y se encontraba en los suburbios de una Buenos Aires indefensa, LINIERS se apresuró a repasarlo y marchar sobre Miserere, abandonando sus ventajosas posiciones para dirigirse al encuentro de los invasores.

El choque entre ambas fuerzas, se produjo en la tarde de ese mismo día 2 de julio y fue desastroso para las fuerzas de los criollos. Los regimientos de Arribeños y Vizcaínos no pudieron sostener el violento ataque a la bayoneta que efectuaron los británicos y de inmediato se produjo una lamentable dispersión y hasta el propio LINIERS, debió abandonar precipitadamente el campo, deteniéndose en la Chacarita.

BUENOS AIRES NO SE RINDE. Cuando la noticia de la derrota de Miserere, fue conocida por los habitantes de la ciudad, fue unánime la decisión:¡Buenos Aires no se rinde!. Fue entonces que el alcalde de primer voto MARTÍN DE ÁLZAGA, el 2 de julio de 1807, dirigiendo la sesión permanente del Cabildo, toma las primeras medidas y organiza los preparativos de la defensa.

SE ORGANIZA LA DEFENSA DE BUENOS AIRES Y ENTRA EN ESCENA EL ALCALDE MARTÍN DE ÁLZAGA. Después de la derrota sufrida en los Corrales de Miserere, LINIERS se retiró a la Chacarita de los Colegiales, profundamente desmoralizado. Pero los integrantes del dispersado Regimiento Patricios habían vuelto a reunirse, dispuestos a luchar en defensa de la ciudad, alentados por el fervor de un pueblo que no quería rendirse. Entonces el Alcalde MARTÍN DE ÁLZAGA acaudilló la participación popular y organizó una heroica defensa. Llegada la noche del 02 de julio, de ÁLZAGA hizo concentrar la artillería en las bocacalles de la ciudad, haciendo abrir trincheras y levantar parapetos. Desempedrar las calles para usar los adoquines como proyectiles, e iluminando las obras construidas. Se asentaron los pocos cañones disponibles en lugares estratégicos y se estableció una línea de cantones avanzados. Se ordenó hacer entrar todo el ganado de los alrededores y amasar todo el pan posible, en previsión de un asedio. Los faroles de Buenos Aires, encendidos “a giorno”, prestaron la luz necesaria para esas tareas.

Todos estos trabajos, realizados para rechazar a los invasores, permitirían contar con una fuerte línea defensiva que circundaba el sector céntrico de la ciudad por las actuales calles Belgrano, Tacuarí, Suipacha y Sarmiento, desde cuyas casas y trincheras se trataría de impedir el avance del enemigo. Otra línea fortificada con recias barricadas y con cañones se instaló en las actuales calles Alsina, Perú, Florida y Mitre, cerrando el centro de la resistencia en torno a la Plaza Mayor. Todo hacía presumir una lucha cruenta entre las fuerza inglesas invasoras de la ciudad y los defensores de Buenos Aries.

3 de julio de 1807
WHITELOCKE INTIMA A LA RENDICIÓN DE LA CIUDAD. Al amanecer del 3 de julio de 1807, luego del éxito que había tenido en los Corrales de Miserere y conociendo WHITELOCKE de que la ciudad se había puesto en estado de defensa, rápidamente ocupó con 6.000 soldados divididos en 13 columnas, todos los suburbios de Buenos Aires para avanzar por calles paralelas de Oeste a Este, con orden de no usar las armas de fuego. Antes de llegar a la ribera, las columnas de la izquierda (Norte) y de la derecha (Sur), debían converger hacia el centro hacia la Plaza Mayor, para finalmente, rendir el Fuerte. Desde su puesto de comando, instalado en Miserere y antes de iniciar el avance, WHITELOCKE, por segunda vez intimó a la rendición de la plaza, bajo amenaza de entrar a sangre y fuego

UN ERROR DE APRECIACIÓN DE LINIERS. A las diez de la mañana, LINIERS se dirigió al general inglés solicitando la capitulación, suponiendo mal, —según comentó más tarde— que el enemigo, después de la dispersión de Miserere, había avanzado sobre la ciudad, cosa que felizmente no había ocurrido así.

Pero advertido de su error, al mediodía del 3 de julio, los jefes de la defensa rechazaron enérgicamente la intimación a rendirse formulada por WHITELOCKE y el Cabildo haciéndose eco de la decisión de todo el pueblo de Buenos Aires, responde expresando que “nada que se dirija a rendir las armas, se oirá”; agregando que “esta es la hora de manifestar nuestro patriotismo”.

Es entonces que el general WHITELOCKE ordena el avance de sus tropas, pero  pronto se persuade que el intento no les será fácil. Las milicias y tropas regulares, desde posiciones bien afianzadas, los vecinos con sus improvisadas armas y desde las calles, las azoteas y las esquinas, someten a un feroz hostigamiento a sus efectivos que desconcertados por esta impensada resistencia, ven mermados sus ímpetus y se preocupan más que de avanzar, de refugiarse en algún pozo o recoveco que le ofrece esta hostil ciudad.

El jefe de la vanguardia, mientras tanto, continuaba en Miserere, esperando la llegada de WHITELOCKE, que llegó el día 3 a las 15 horas, dispuesto a preparar el dispositivo del ataque final.

Para invocar la protección de Dios, en su sesión extraordinaria del 3 de julio de 1807, el Cabildo votó hacer un novenario a San Martín de Tours, patrono de la ciudad.

Cuando en horas de la tarde, LINIERS llegó desde la Chacarita por el camino del Retiro, lo recibió un pueblo en armas, decidido a vencer o morir en su lucha contra el invasor inglés. Era grande el entusiasmo de los porteños, que pese a la derrota que sufriera en Miserere, le ratifica su confianza y ven en su persona, el símbolo de la resistencia contra el invasor y el caudillo que los llevará a la victoria. En breve conferencia con LINIERS, el alcalde ÁLZAGA le impuso de los preparativos efectuados y dejó en sus manos la prosecución de las tareas de la defensa.

La noche del 3 de julio y el  día siguiente fueron de tensa espera. Se aguardaba el ataque inglés de un momento a otro y no eran solamente soldados veteranos o de las milicias formadas últimamente los que lo esperaban. Todos los habitantes de la ciudad, de cualquier condición social, de ambos sexos y de distinta edad estaban inquebrantablemente decididos a la lucha.

Entretanto, en los corrales de Miserere los jefes británicos deliberaban sobre el ataque a realizar y decidieron efectuar un avance sobre la ciudad a través de tres frentes desde el norte, el este y el sur. Esas tres columnas, al mando de AUCHMUTY, LUMLEY y CRAWFURD, atacarían desde Retiro, la quinta de Lorea y la Residencia, hasta converger sobre la Plaza Mayor y el Fuerte. Para ello, la fuerza invasora se dividiría en trece columnas, en cuya marcha se abstendrían de hacer fuego para llegar con sus municiones intactas al centro de la ciudad, donde se reunirían.

4 de julio de 1807
Parece ser que la intención del jefe inglés habría sido lanzar el ataque final el mismo día 4,  pero el jefe de su vanguardia, le  pidió la postergación de la operación por un día para permitir descansar a su tropa, ya que después del duro combate sostenido en Miserere, el frío y las grandes lluvias que debieron soportar, las habían afectado mucho y necesitaban un tiempo para descansar, antes de emprender la marcha, que realizarían a pie.

POR TERCERA VEZ, WHITELOCKE INTIMA LA RENDICIÓN DE BUENOS AIRES. El 4 de julio de 1897, al terminar la reunión con sus comandos, el general WITHELOCKE, por tercera vez, intima la rendición a las autoridades de Buenos Aires, pero nuevamente sus pretensiones son rechazadas

SE LANZA EL ATAQUE. De acuerdo con el plan concertado, el 4 de julio de 1807 las fuerzas inglesas inician su avance hacia los objetivos fijados, pero los planes de los británicos, .pronto se vieron frustrados. Contrariamente a lo que esperaban, los invasores fueron atacados desde todos lados. Cada casa era una pequeña fortaleza desde donde llovían proyectiles de toda clase. Debían avanzar metro a metro sometidos a un violento hostigamiento de los vecinos y a la eficacia de un nutrido fuego proveniente de las trincheras callejeras

En todos los punto» de la ciudad se luchaba con ardor y los combates más intensos se libraron en el Retiro, donde la compañía de “Gallegos” pudo defender la plaza durante más de tres horas. Hacia el mediodía, penosamente los ingleses habían podido cumplir con sus objetivos, apoderándose de la Residencia, el Retiro y la iglesia de Santo Domingo. Pero estaban sitiados en la quinta de Lorea, en la casa de la “Virreyna” y no podían avanzar a más de cinco cuadras sobre el Fuerte. En realidad, a esa hora, ya no existía el ejército inglés: eran núcleos aislados que se defendían como podían, tratando de hacerse fuertes en algunos de los pocos edificios que habían tomado y en el curso de la tarde, su situación empeoró.

5 de julio de 1807
CONTINÚA EL AVANCE DE LOS INVASORES QUE SON SEVERAMENTE HOSTIGADOS. A las seis de la mañana del día 5 de julio, ser reiniciaron las operaciones y a pesar del duro castigo al que eran sometidas, tenazmente siguieron tratando de avanzar hacia el centro de Buenos Aires. Pero al final de un día de cruento combate, sólo habían logrado ocupar la plaza de Toros y la Residencia, a costa de sufrir pérdidas enormes, pues debieron no solo combatir con sus armas, sino que también, como había ocurrido en 1806, debieron sufrir el ataque de los vecinos que desde las azoteas, les tiraban aceite y agua hirviendo y toda clase de proyectiles.

En 24 horas de combate ya habían perdido unos 2.500 hombres (Los defensores también habían sufrido bajas, pero mucho menores: 302 muertos, 514 heridos, 105 desaparecidos y 800 prisioneros). Al amainar el combate, LINIERS envió una intimación al jefe enemigo para que desistiera de reanudar el ataque, se embarcara con sus tropas y evacuara Montevideo y el Río de la Plata, ofreciendo en cambio la devolución de los prisioneros británicos, aun los tomados el año anterior, pero el General WHITELOCKE rechazó tal posibilidad

Cuando llegó la noche del 5 de julio, los invasores ya tenían la amarga sensación del fracaso de su aventura y sin que nadie lo ordenara,  se hizo un alto el fuego.

Los invasores habían  perdido la mitad de sus efectivos y el pueblo .de Buenos Aires, entre el dolor de sus 200 militares muertos y sus no menos de 2.000 civiles muertos o heridos, vivía la emoción de la victoria.

LINIERS y ÁLZAGA, que habían dirigido la defensa instalados en el Cabildo, decidieron formular una intimación al general enemigo, aunque finalmente se resolvió esperar la madrugada para que un emisario pudiera llegar a los corrales de Miserere — donde seguía WHITELOCKE, dirigiendo desde lejos la acción..

6 de julio de 1806
ACEPTANDO SU DERROTA, LOS INVASORES INGLESES SOLICITAN UN ARMISTICIO. Finalmente, las tropas inglesas al mando del general Whitelocke fueron rechazadas en el segundo intento de invasión a Buenos Aires y el 6 de julio de 1807, proponen un armisticio.

“El ataque sobre Buenos Aires ha fracasado. Las columnas se encontraron con una resistencia decidida. En cada calle, desde cada casa, la oposición fue tan resuelta y gallarda como se han dado pocos casos en la historia (…). El plan original era malo y mala fue su ejecución (…). Fue una empresa sucia y sórdida”. Así describió el diario The Times de Londres la frustrada invasión al Río de la Plata.

7 de julio de 1807
CAPITULACIÓN DE WHITELOCKE. Finalmente, luego de cuatro días de lucha, viendo desvanecidas sus pretensiones de apoderarse de la ciudad, el 7 de julio de1807, el General WHITELOCKE capitula y rinde sus armas.

El mismo día 7, se firman los documentos legales que ratifican la capitulación hecha por el ejército inglés que mandaba el general WHITELOCKE, vencido en las calles de Buenos Aires por las tropas a las órdenes de SANTIAGO DE LÍNIERS y MARTÍN DE ÁLZAGA, debiendo aquél recibir sus prisioneros y evacuar la ciudad y su territorio en el término de cuarenta y ocho horas y entregar, antes de dos meses, a la ciudad de Montevideo, donde flameaba el pabellón de Gran Bretaña

7 de julio de 1807
El Cabildo de Córdoba, en su sesión del 7 de julio de 1807, dispuso el festejo con magníficos actos públicos, la Reconquista de Buenos Aires.

13 de julio de 1807
LOS INGLESES DERROTADOS SE RETIRAN DE BUENOS AIRES. Después de haber sido vencidas en su ataque a la ciudad, el 6 de julio de 1807, las fuerzas inglesas comandadas por el general WHITELOCKE, el 13 de julio se embarcan a bordo de la escuadra comandada por el Contraalmirante MURRAY y parten desde el puerto de Buenos Aires con rumbo a Montevideo, para proceder al embarque del resto de las tropas inglesas que aún se hallaban allí y que de acuerdo a los términos de la capitulación firmada en Buenos Aires, debían retirarse de inmediato.

4 de agosto de 1807
MARTÍN DE ÁLZAGA, mediante nota fechada el 4 de agosto de 1807, se dirigió al Príncipe de la Paz, solicitándole un documento que acreditara sus servicios públicos; aludiendo, primeramente, a los preparativos para la Reconquista de Buenos Aires, “en cuyo . proyecto insumió crecido caudal, fomentando la reunión de gentes, acoplo de armas y provisión de municiones, expuesto al riesgo de ser descubierto y a las fatalísimas resultas en su persona y familia, respetos todos que pospuso resueltamente a los del Estado, religión y causa y pública…”Acompañaban esta solicitud testimonios, todos ellos, de los méritos y servicios eminentes prestados a la causa pública por el solicitante que, por un extraño determinismo, años más tarde, fue ahorcado en la plaza pública por la denuncia de un esclavo de que había intentado derrocar las autoridades constituidas.

9 de setiembre de 1807
LOS INGLESES DERROTADOS SE RETIRAN DE MONTEVIDEO. Terminados los preparativos, las fuerzas invasoras  inglesas, al mando del General WHITELOCKE, rendidas en Buenos Aires en agosto de 1807 y que ya se habían retirado de esa ciudad, el 9 de setiembre terminan de desalojar la ciudad de Montevideo ocupado desde el 3 de febrero de 1807.

De conformidad con los términos de la capitulación firmada en Buenos Aires, los ingleses entregaron sus armas y abandonan la ciudad oriental en el término acordado, dejándola a cargo del Gobernador de Montevideo, el general español  FRANCISCO JAVIER DE ELÍO.

Barcos de guerra y numerosos transportes británicos, desplegando sus velas en la rada, dispuestos a zarpar, daban la impresión de una ciudad en medio del mar.

Los últimos días de la ocupación habían sido muy ajetreados. Los hospitales rebosaban de heridos y moribundos. Carteles anónimos aparecían en las calles “‘criticando al incapaz WHITELOCKE a quien se responsabilizaba  por la derrota, pero este general parecía ser el único indiferente a la sensación de humillación que afectaba a sus tropas y se paseó hasta el último momento por la ciudad o se pavoneó en las azoteas de la Casa de Gobierno, sin mayor conciencia de lo que ocurría.

El comercio local vivía mientras tanto horas de euforia. Soldados y oficiales ingleses hacían sus últimas compras antes de partir. Los recién llegados húsares de Pueyrredón, que acompañaron al general DE ELÍO, designado por LINIERS para hacerse cargo del gobierno de Montevideo, se apresuraron a adquirir charreteras y adornos. Sentimientos de desesperación acosaban a los especuladores y traficantes británicos, en su mayoría al borde de la ruina, debido al fracaso de la expedición al Río de la Plata. En efecto, las mercaderías que habían traído fueron rematadas a precios bajísimos y muchas personas de Montevideo y Buenos Aires se enriquecieron de un día para otro, gracias a las apresuradas ventas: justo castigo para quienes confiaron excesivamente en el valor de sus armas y menospreciaron a los criollos!

En cuanto al comportamiento de la población, los milicianos y gente de los suburbios, demostraron un odio profundo hacia los extranjeros. Sólo las armas de las tropas británicas les imponían algo de respeto, para que no pasaran a mayores.  Las familias pudientes trataron cortésmente a los vencidos y con muchos de ellos entablaron relaciones de amistad y hasta el Cabildo de Montevideo, oficialmente, le agradeció a WHITELOCKE el buen comportamiento de su ejército durante la ocupación.

11 de setiembre de 1807
Llegan a inglaterra los partes oficiales dando cuenta del fracaso de la invasión llevada a cabo contra buenos aires

14 de setiembre de 1807
LAS INVASIONES INGLESAS JUZGADAS POR “THE TIMES”. Los partes oficiales de la capitulación de WHITELOCKE en Buenos Aires, dando cuenta del fracaso de la segunda invasión, llegaron a Gran Bretaña el 11 de setiembre de 1807, y fueron dados a publicidad dos días después.

En su edición del 14 de setiembre, el diario “The Times”, de Londres, que casi exactamente un año antes había exaltado la toma de la capital del Virreinato del Río de la Plata, comentó la nueva derrota británica en un largo artículo titulado “Evacuación de Sudamérica”. Los siguientes son sus párrafos principales: “El ataque sobre Buenos Aires ha fracasado y hace ya tiempo que no queda un solo soldado británico en la parte española de Sudamérica. Los detalles de este desastre, quizás el más grande que ha sufrido este país desde el comienzo de la guerra revolucionaria, fueron publicados ayer en un número extraordinario. El ataque, de acuerdo al plan preestablecido, se llevó a cabo el 5 de julio, y los resultados fueron los previsibles. Las columnas se encontraron con una resistencia decidida. En cada calle, desde cada casa, la oposición fue tan resuelta y gallarda como se han dado pocos casos en la historia. La consecuencia fue que el plan de operaciones se frustró…” “Los despachos son los únicos documentos por los que podemos juzgar el sistema de operaciones militares que ha sido puesto en práctica en Sudamérica, y no podemos dejar de repetir que nos parece el más extraño que ha sido nunca llevado a cabo. El comandante en jefe parece haber estado en la más completa ignorancia tanto acerca de la naturaleza del país que debía atravesar, como sobre el monto y el carácter de la resistencia que debía esperar. Con el propósito, suponemos, de evitar un encuentro molesto desembarca a treinta millas del lugar donde debía operar, prosigue su marcha a través de un territorio lleno de pantanos, cortado por riachuelos y, fi­nalmente, con un ejército jadeante y exhausto se asienta frente a una plaza fortificada enteramente, en la cual, según el tenor de su despacho, “llovían sobro él metrallas desde todas las esquinas y, desde los techos de todas las casas, mosquetazos, granadas de mano, ladrillos y piedras”. Bajo estas circunstancias, lo notable no es que no haya tenido éxito, sino que haya podido escapar de la dificultad en la que se hallaba envuelto, y obtener las condiciones (de rendición) favorables que le fueron concedidas. El general Whitelocke ha demostrado más talento como negociador que como comandante de una fuerza de operaciones. Si el enemigo se hubiera comportado más encarnizadamente, la totalidad de las tropas hubieran debido rendirse a discreción. Su comunicación con la flota era de lo más precaria, y en el mismo momento en que comenzaban las negociaciones eran atacados en una de sus más fuertes posiciones, la Residencia, por un cuerpo enemigo. “Los despachos abundan en excusas por haber abandonado esta importante con­quista. No podemos de ningún modo suscribir algunas da ellas. Si la hostilidad de los habitantes puede ser aceptada como una razón para no invadir o evacuar un país, entonces no hay país que no esté libre de ataque u ocupación. ¿Acaso Bonaparte, que se ha abierto camino a través de la belicosa población del continente, razonó nunca de esta manera? ¿Acaso esperó el general Whitelocke que los habitantes de Buenos Aires se pondrían espontáneamente de su lado, o que permanecerían como mansos espectadores de su duelo con Liniers? ¿Acaso la resistencia que encontró cayó sobre él como algo inesperado? ¿No debió ser prevista? ¿Ignoraba que durante varios meses se habían empleado todos los medios para excitar y organizar toda la furia y el odio del país contra él?.  “Éste ha sido un asunto desgraciado del principio al fin. Los intereses de la nación, así como su prestigio militar, han sido seriamente afectados. El plan original era malo y mala fue su ejecución. No hubo nada de honorable o digno en él; nada a la altura de los recursos o el prestigio de la nación. Fue una empresa sucia y sórdida… “¿Cómo podía esperarse que estuvieran con nosotros las manos o los corazones del pueblo, si los primeros que ocuparon la ciudad se mostraron menos ansiosos de conciliarse con los habitantes que de colocar fuera de peligro el botín obtenido? Había un vicio radical en el plan original, que ninguna empresa posterior pudo remediar. Si los desautorizados promotores del primer desembarco hubieran dispuesto de una fuerza igual a la que ha sido ahora expulsada de Buenos Aires, el país podría estar en este momento en nuestras manos…”.

Diciembre de 1807
MÁS PREMIOS Y TODOS CONTENTOS.. El Cabildo de Buenos Aires, según lo dispuesto en diciembre de 1807, mando acuñar monedas de oro y plata para recompensar a los defensores de Buenos Aires. Los veintiún caciques amigos que ofrecieron sus servicios contra los ingleses, recibieron medallas de plata con el escudo de la ciudad y la inscripción: “A los caciques pampas y araucanos, la ciudad agradecida”.

3 de diciembre de 1807
En reconocimiento y recompensa por sus dos defensas de Buenos Aires contra las invasiones inglesas, la Corte de España, con fecha 3 de diciembre de 1807,  envió la documentación que ratifica el nombramiento como décimo Virrey del Virreinato del Río de la Plata al Capitán de Navío SANTIAGO DE LINIERS Y BREMOND y lo asciende a Brigadier de la Real Armada.

24 de diciembre de 1807
EL CABILDO DE ORURO DA MUESTRAS DE SU RECONOCIMIENTO A LA HEROICA DEFENSA DE BUENOS AIRES. Un correo extraordinario, procedente de Oruro, llega a Buenos Aires el 24 de diciembre de 1807, trayendo una lujosa “tarja” o lámina de plata, obsequio del Cabildo de esa ciudad a su colega de Buenos Aires, como muestra de admiración a la heroica defensa de la ciudad ante la invasión de los ingleses. Un precioso homenaje, digno verdaderamente de la opulenta Oruro y de la riqueza minera de las provincias alto- peruanas. En la parte superior de la placa tiene grabada  una corona real y una graciosa victoria alada, de cuyo clarín cuelga el escudo de Oruro. A los costados aparecen banderas y cañones y al pie, las armas de LINIERS. Una leyenda recuerda los triunfos contra los invasores  y los méritos especiales del virrey y del cabildo de Buenos Aires. Estaba claro que el motivo de este reconocimiento, era que la decidida actitud de esta Colonia, daba un poco de tranquilidad a los intereses españoles, preocupados por los esfuerzos que tanto ingleses como franceses realizaban para hacer pie en estas tierras. El Alto Perú y sus enormes riquezas podía estar tranquilo, mientras Buenos Aires le cuidara las espaldas (sabe alguien dónde está esta maravillosa placa?).

10 de enero de 1808
El Cabildo de Buenos Aires, con el objeto de rendir honores a quienes se consideraron héroes de la reconquista de Buenos Aires, ordena ponerle los nombres de algunos de ellos, a varias calles de la ciudad.

28 de enero de 1808
JUICIO A WHITELOCKE. El 28 de enero de 1808, el jefe de la fracasada invasión a Buenos Aires (28 de junio de 1807), general JOHN WHITELOCKE, es sometido a juicio en Londres. Una multitud se agolpa a las puertas del Hospital de Chelsea, en Londres. Allí se celebrará el juicio contra un hombre que ha desmerecido el prestigio militar de Gran Bretaña. El hombre cuya derrota en el Plata ha causado a Su Majestad “el más doloroso pesar”

A las 10 de la mañana se abren las puertas al público. Preside el Consejo de Guerra el muy honorable general WILLIAM OF MEADOWS. Poco después aparece el general JOHN WHITELOCKE, de uniforme, pero sin banda ni espada. Abre la causa el fiscal RICHARD RYDER. Está ansioso de que todos se formen una idea cabal de la magnitud del desastre militar… y económico causado por el acusado: “La expedición al mando de WHITELOCKE fracasó completamente… lo que ha desvanecido todas las esperanzas que se abrigaban de abrir nuevos mercados a nuestras manufacturas”. Alude al “salvajismo” de los pueblos sudamericanos al referirse a “rudas necesidades de países que salían de la barbarie”. Califica al contraste de “calamidad nacional” y achaca toda la responsabilidad a WHITELOCKE. “Su misma actuación lo condena”, afirma tajante y presenta su primer testigo. El general Gower, segundo de WHITELOCKE en la expedición, describe en esta oportunidad y en sesiones posteriores, con minucia, los pormenores de la expedición. Procura mantenerse en un plano de absoluta prescindencia. Pero deja filtrar algunas alusiones poco favorables al acusado. FISCAL: ¿Le informaba a usted el general WHITELOCKE cada tanto del plan general da operaciones? GOWER: No tengo conocimiento de que jamás se haya formado plan alguno; ni me consta que lo haya habido. Cuarto día de sesiones (febrero de 1808): Pregunta el Teniente general JOHN MOORE: ¿Cree usted que se habría podido conseguir alguna ventaja material si todo el ejército hubiese pasado el río y atacado al enemigo el día 27. GOWER: Creo que habrían tomado Buenos Aires. Comparecen más testigos. Entre ellos el general CRAWFURD. En su declaración censura a WHITECKE por no haber llevado las calderas de campaña en las que se hubiera podido hervir trigo para suplir la falta de galletas. FISCAL: ¿Hicieron objeción al plan de ataque el día 4 algunos de los jefes principales?. GOWER: No, por cierto, pues todos contaban con el triunfo. A su vez, el 12 de febrero, el testigo TORRENS declara: —No se tomó ninguna medida para la retirada; creo que la opinión general era que nuestras operaciones serían coronadas por un completo triunfo. A una pregunta sobre cuál era la disposición de los habitantes de la colonia, GOWER responde: —Jamás hubiera creído que fueran tan implacablemente hostiles como por cierto lo fueron… No creo que haya habido un solo hombre realmente adicto a la causa británica en la América española. Teniente coronel DUFF: .”Con menos de cien hombres estaba en medio de una ciudad donde todos eran enemigos, todos armados, desde el hijo de la vieja España hasta el negro esclavo”. WHITELOCKE se defiende y dice: —Esperaba encontrar una gran porción de habitantes preparados a secundar nuestras miras. Pero resultó ser un país completamente hostil. Continúa censurándose la actuación del comandante. El 24 de febrero le toca el turno de declarar a SAMUEL AUCHUTY: P: ¿Después de la orden general para el ataque, sus tropas siguieron con las armas sin cargar? R: Sí. La tropa estaba completamente desanimada; hasta el punto de expresarse muchos de los soldados en términos inconvenientes… Quiero decir que la tropa no tenía ninguna confianza en su general. P.: ¿Cree usted que si la Fuerza que salió de Montevideo para expedicionar contra Buenos Aires hubiera sido dirigida de modo diferente, habría triunfado?. R.: No tengo duda de que la fuerza era más que suficiente para tomar Buenos Aires. El 14 de marzo WHITELOCKE inicia su defensa pero su suerte parece estar  ya echada. Alega que había considerado estéril entrar a fuego en la ciudad y había preferido una confrontación directa con los soldados españoles. Y reconoce: —Puedo haber errado en adoptar un plan que ha dado malos resultados. Por confiar en él, puedo haber dejado de tomar toda la precaución necesaria, y que habría tomado de prever la resistencia que se nos opuso. Como testigo de la defensa declara el general WHITE. Al referirse a la campaña en la isla de Santo Domingo elogia a WHITELOCKE: “… Encabezó una de las principales columnas contra dicha fortaleza (Puerto Príncipe), lo que cumplió con la mayor bravura”. Pero en su alegato final, el fiscal resume: —El valiente ejército, tan altamente digno de mejor suerte, se vio así obligado a comprar su salvación con el deplorable sacrificio de su honor. El juicio concluye el 18 de marzo. Se formulan contra WHITELOCKE los siguientes cargos: 1) haber exasperado los ánimos de la población porteña al exigir la entrega de empleados civiles en calidad de prisioneros de guerra; 2) haber mandado dividir las fuerzas y hacerlas entrar en la ciudad con las armas sin cargar; 3) no haber socorrido a las divisiones que se hallaban acorraladas en Buenos Aires; 4) haber capitulado de manera de perder las posiciones conquistadas en la ciudad y aun la plaza de Montevideo, “que se hallaba suficientemente guarnecida y provista contra un ataque”. La sentencia del tribunal militar declara que es culpable de todos dichos cargos, con excepción de la parte del segundo que se refiere a la orden de llevar las armas sin cargar y no hacer fuego bajo ningún pretexto. Y dispone: “Que dicho teniente general WHITELOCKE sea dado de baja y declarado totalmente inepto e indigno de servir a S. M. en ninguna clase militar”. Agrega el fallo que el Rey ha ordenado que la sentencia sea leída a la cabeza de todos los Regimientos a su servicio e insertada en todos los libros de órdenes de regimientos “para que sirva de eterno recuerdo de las fatales consecuencias a que se exponen los oficiales revestidos de alto mando que, en el desempeño de los importantes deberes que se les confían, carecen del celo, tino y esfuerzo personal que su soberano y su patria tienen derecho a esperar de ellos”.

BELGRANO EXPLICA EL FRACASO DE LAS INVASIONES INGLESAS. Pasado ya mucho tiempo después de la segunda invasión inglesa a Buenos Aires, en abril de 1815, MANUEL BELGRANO cumpliendo una misión diplomática en Inglaterra, tuvo la oportunidad de explicarle gráficamente al brigadier inglés CRAWFURD la razón del fracaso que habían sufrido los ingleses cuando intentaron apoderarse de Buenos Aires en 1806 y 1807, diciéndole que el pueblo, protagonista principal de aquellas jornadas, en medio de los disparos gritaba “Queremos el amo viejo —, o ninguno”.

LAS OCHO INVASIONES INGLESAS AL RÍO DE LA PLATA
LA HISTORIA ARGENTINA REGISTRA EN SUS ANALES, SOLAMENTE DOS INTENTOS DE INVASIÓN PROTAGONIZADOS POR EL IMPERIO BRITÁNICO, PERO PERMÍTASENOS CONSIGNAR A CONTINUACIÓN, LOS OCHO EPISODIOS A LOS QUE ALGUNOS HISTORIADORES, LE ASIGNAN EL MISMO CARÁCTER, DEMOSTRATIVO DE ESE TENAZ INTENTO QUE LA CORONA BRITÁNICA REALIZÓ PARA APODERARSE DE ESTOS TERRITORIOS CON FINES ESTRICTAMENTE COLONIZADORES Y ESPÚREAMENTE COMERCIALES.

Considerando todas las veces que Gran Bretaña ha pretendido apoderarse de algo que nos pertenecía, conculcar nuestros derechos o agraviar nuestra soberanía, hemos contabilizado que en total, desde enero de 1763 hasta abril de 1882, son ocho los sucesos que podrían definirse como las “Ocho invasiones inglesas” que hemos debido soportar, sin contar que (como lo asegura el periodista Jorge Lanata en su libro “Argentinos”, el 6 de enero de 1763 las dos embarcaciones mayores de la escuadra inglesa “Lord Clive”, “Ambuscade” y la fragata portuguesa “Gloria” entraron al canal del puerto de Colonia e iniciaron un ataque” que fue rechazado.

PRIMERA INVASION INGLESA: (06 de enero de 1763). Argentina no era Argentina todavía. Pertenecía al Virreinato del Perú. Pedro de Ceballos era gobernador de Buenos Aires. Colonia de Sacramento, en la costa oeste del actual Uruguay, había sido fundada por los portugueses pero fue disputada durante muchos años por portugueses y españoles. En 1761, Ceballos recuperó Colonia para el reino español, pero, al año siguiente, debió resistir un ataque organizado por los portugueses pero liderado por los ingleses. John Mac Namara estuvo al frente de la flota inglesa que se dirigió al Río de la Plata. El 6 de enero de 1763 se inició el cañoneo. Ceballos y sus hombres repelieron el ataque inglés, pero por el Tratado de Paz de París, Colonia fue cedida a Portugal.

SEGUNDA INVASION INGLESA: (enero de 1765). Mientras en el mundo se conocía la noticia de la colonización de las Malvinas por parte de los franceses, Inglaterra se disponía a conquistarlas. En junio de 1764, el comodoro John Byron partió desde Inglaterra para ocupar las Malvinas. Llegó a la isla Trinidad el 23 de ene ro de 1765, desembarcó en ella con todos sus oficiales y efectivos y plantó un mástil con la bandera británica. Declaró que tomaba posesión de todas islas del archipiélago bajo el nombre de Falkland Islands. Fundó puerto Egmont y recorrió parte de islas poniendo algunos nombres a bahías y estrechos. Pero, lo cierto es que hacía más de un año que los franceses se habían instalado en la Bahía Anunciación, en la isla Soledad de este archipiélago.

TERCERA INVASION INGLESA: (junio de 1806). Considerada históricamente como la primera invasión inglesa. El 25 de junio de 1806, las fuerzas británicas, al mando del brigadier WILLIAM CARR BERESFORD inician un desembarco en las playas de Quilmes. El virrey RAFAEL SOBREMONTE que está al frente del gobierno de Buenos Aires, intenta la resistencia pero  es derrotado. En la tarde del 27 de junio, Beresford llega al Fuerte en el centro de la ciudad y recibe la capitulación de la ciudad. El capitán de fragata Santiago de Liniers decide organizar la reconquista de Buenos Ares desde Montevideo. El 12 de agosto de 1806, las fuerzas de Liniers, junto a todo el pueblo de Buenos Ares, se lanzan al asalto sobre el centro de la ciudad y logran el triunfo. Beresford iza la bandera blanca y se rinde con toda su tropa.

UNA INVASIÓN QUE SE FRUSTRÓ. (1808). El fracaso del ataque del general WHITELOCKE a Buenos Aires produjo enorme desaliento en los círculos dirigentes británicos. Sin embargo, el gobierno de Londres pronto inicia el estudio de nuevos planes de intervención militar en América.

Esta vez y como consecuencia del desastre sufrido en el Río de la Plata, los ingleses resuelven adoptar una táctica distinta, retornando al pensamiento primitivo del canciller de la corona, Mr. PITT, POPHAM y MIRANDA. Sus ejércitos se presentarán en América, no como conquistadores, sino como libertadores. De esta forma, se piensa, los criollos en lugar de resistir, habrán de apoyar con entusiasmo a las fuerzas inglesas de invasión.

De acuerdo con estos proyectos, el objetivo esencial –la eliminación definitiva del poder español en el nuevo continente y la apertura de sus inmensos mercados al comercio británico– se logrará a corto plazo y con un mínimo de pérdidas.

El general ARTHUR WELLESLEY, futuro duque de Wellington, toma entonces a su cargo la preparación de la que será, la tercera invasión británica. Asesorado por el jefe venezolano FRANCISCO MIRANDA, Wellesley presentó una serie de proyectos de ataque y propone la creación en América de una monarquía de tipo constitucional. Ésta contará con un Parlamento similar al británico, constituido por una Cámara alta cuyos miembros serán designados por el rey con carácter vitalicio y una Cámara baja integrada por hombres “capacitados por su edad y sus bienes” para ejercer la representación de la gente. Estos últimos serán elegidos por los Cabildos y los terratenientes. Las restantes instituciones coloniales españolas serán, en un primer momento conservadas, pero posteriormente se las reformará, a medida que el tiempo y la experiencia demuestren lo que le conviene al país y al pueblo.

A fines de 1807, en el puerto irlandés de Cork, se concentraron las tropas destinadas a operar en América, pero la situación europea obligó al gobierno inglés a postergar el envío de la expedición. Cuando el 2 de mayo de 1808, se produce el levantamiento del pueblo de Madrid contra los franceses, el general Wellesley envía un memorándum al gobierno aconsejando que “las tropas reunidas en Cork sean embarcadas y dirigidas a las costas de la península, para apoyar un eventual levantamiento de toda España contra Napoleón. Si la insurrección no llegara a producirse, una parte del ejército británico debería zarpar inmediatamente hacia el Río de la Plata y la otra se dirigirá a México”.

Para la expedición al Río de la Plata, Wellesley asigna una fuerza de 10.077 soldados y añade: “este ejército llevará los siguientes pertrechos: 2 millones de balas, 50.000 piedras de fusil, dos brigadas ligeras de artillería con cañones de 9 libras, dos morteros de 10 pulgadas, cuatro morteros de 5 pulgadas, útiles para trincheras para 8.000 hombres, bolsas y escaleras. Para proveer al ejército criollo que se piensa organizar, se llevarán además 7.000 fusiles, 7.000 picos, 1.000.000 de balas y 25 mil piedras de fusil”.

El itinerario que se traza para la expedición es el siguiente: “las fuerzas de invasión partirán de Irlanda a comienzos del mes de junio de 1808, llegarán a las costas españolas el día 15 y esperarán allí un mes. En caso de no verificarse la rebelión en España, zarparán el día 15 de julio y arribarán al Río de la Plata el 15 de setiembre”. La tercera invasión, sin embargo, no se produjo. Tal como lo ha previsto Wellesley, toda la península se levanta en armas contra los franceses y las tropas británicas son conducidas a Portugal, donde desembarcan el 1º de agosto de 1808, para combatir a Napoleón.

CUARTA INVASION INGLESA, considerada históricamente como la segunda invasión inglesa  (28 de junio de 1807). Esta vez la flota inglesa venía al mando del general John Whitelocke y ahora el virrey del Río de  la Plata era SANTIAGO DE LINIERS. La invasión se inicia el 28 de junio, sin encontrar resistencia, en un principio. Pero las fuerzas de Buenos Aires, se agrupan nuevamente al mando de Liniers y son derrotadas en los Corrales de Misere, actual plaza Once). Liniers se retira a la Chacarita y vuelve esta vez, con una fuerza de 1.000 hombres. El 5 de julio a las seis y media de la mañana, empieza  el combate final. La lucha termina sólo dos días después y luego de largas negociaciones, Witelocke acepta la derrota y firma la capitulación de sus tropas.

Una invasión para hacer negocios. En 1807, una vez instaladas las tropas invasoras inglesas en Montevideo, comenzaron sus preparativos para dar el asalto final a la presa que los había tentado a realizar esta nueva incursión hacia las tierras de América: Buenos Aires era el destino final de un ambicioso proyecto que soñaban para la colocación de sus mercaderías en un mercado que estimaban “fabuloso”.

Pero simultáneamente con esos preparativos bélicos, no pudiendo olvidar sus genes de mercaderes, instalaron en Montevideo una inmensa feria con artículos de toda clase que vendían  a precios que se consideraban muy baratos, lo que al principio, provocó gran euforia entre la población oriental, súbitamente tentada con toda clase de artículos importados, mientras  los mercaderes ingleses, no dejaban de ponderar los beneficios del “libre comercio”, tanto en sus conversaciones como a través de las columnas de “La Estrella del Sur”, el periódico que editaban para difundir sus “ideas”, en cuyas páginas subrayaban que la baratura y la calidad de sus productos, significaban  un gran beneficio para el mercado rioplatense,

Pero, llegadas estas noticias a Buenos Aires, una nueva preocupación se sumó a la que provocaba la presencia de las tropas inglesas en la vecina orilla, prestas para dar el asalto final. Alguien comenzó a pensar en ello y pronto la realdad se puso de manifiesto. ¿Quién duda que estos géneros, estas manufacturas, estos artículos para el hogar, estos muebles y objetos de metal que llegan al virreinato, no significan, al mismo tiempo, la ruina de muchos trabajadores de nuestras tierras?. Se decían quienes veían más allá de esta inesperada avanzada comercial. Desde el momento en que las tejedoras de lana de Alto Perú, de bayetas santiagueñas, de muebleros de Tucumán,  no pueden competir con los productos fabricados en serie que vienen de Inglaterra, habrá centenares de hogares que no podrán vender lo que les permite vivir con decoro, y esos trabajadores, compradores potenciales a su vez, desaparecerán del mercado, al ser lanzados a la miseria.

Hasta la “Gazeta” se hizo eco de esta preocupación diciendo “    en Tucumán se fabrican  muebles, aprovechando las riquezas de sus bosques; en el Alto Perú se producen objetos de metal de uso doméstico y lanas de gran calidad; en Paraguay se realizan artículos de toda clase a los que la habilidad manual de los naturales, confiere gran calidad. Pero en ninguna de las regiones del virreinato se podrá enfrentar por ahora a la competencia de la producción británica, que tiene mayor experiencia industrial y que aplica las maravillas de la  fuerza del vapor de agua. Ciertamente, pasarán todavía algunos años antes que en estas tierras puedan producirse artículos en serie. Entre tanto, si nos dejamos fascinar por la calidad y baratura de los que llegan de Europa, estaremos matando nuestro propio futuro como productores de los mismos artículos, para lo cuales se tenía materia prima en abundancia, desde lana y madera, hasta metales de toda clase”.

¡Cuidado con el “libre comercio”, continuaba diciendo. En este campo, la abundancia de hoy, es la miseria de mañana. Los ingleses cuya invasión ha sido derrotada ya una vez, ahora intentan invadirnos por segunda vez, pero ahora han mostrado la verdadera razón de sus intentos: Han traído sus mercaderías, pretendiendo engatusarnos como lo hicieron con los aborígenes de tantas tierras como colonizaron para su provecho”.

QUINTA INVASION INGLESA (enero de 1833). España había mantenido efectivamente ocupadas las islas Malvinas  hasta 1811. Desde esa fecha hasta 1820, sólo quedó en ellas un reducido grupo de colonos criollos. Pero el 27 de octubre de ese año, llegó a las islas el coronel de marina David Jewett, desembarca en Puerto Soledad e iza la bandera argentina en el Fuerte. El 20 de junio de 1829, LUÍS VERNET es nombrado comandante político y militar del archipiélago y en diciembre del mismo año lo reemplaza el teniente JOSÉ MARÍA PINEDO. Hasta que el 2 de enero de 1833, el capitán de la marina británica John Orslow, al mando de la corbata “Clío”, fondea en la bahía del Puerto Soledad y toma por asalto la guarnición de la isla, informándole a Pinedo que lo hacía en nombre del imperio británico. Ordena a sus hombres arriar la bandera argentina y en su reemplazo, iza la inglesa, ante la impotencia de Pinedo y sus hombres, que no estaban en condiciones de impedir ese atropello a nuestra soberanía.

SEXTA INVASIÓN INGLESA (20 de noviembre de 1845). La flota anglo-francesa había decidido bloquear el Río de la Plata, con la escusa de la defensa de derechos conculcados a ciudadanos franceses, aunque su objetivo era obtener la libre navegación del río Uruguay, dominar el Paraná y ponerse en contacto con la ciudad de Corrientes, que en ese entonces estaba en guerra con JUAN MANUEL DE ROSAS. El 20 de noviembre de 1845, once barcos de guerra ingleses y franceses, dejando al amparo del puerto de Montevideo 40 buques mercantes cargados de mercaderías, iniciaron su avance remontando el río Paraná. Rosas, gobernador de Buenos Aires le ordena al general LUCIO V. MANSILLA que detenga el avance de esa flota y para ello, Mansilla dispone la instalación de algunas baterías en las márgenes del río a la altura de la Vuelta de Obligado y hace tener gruesas cadenas atravesándolo. Los ingleses luego de nueve horas de intenso combate, lograron silenciar las baterías de Mansilla y luego de romper las cadenas que le impedían el paso, prosiguió su marcha hacia el norte, dejando tras de sí varias de sus naves fuera de combate.

SEPTIMA INVASION INGLESA (julio de 1908). Enterada Inglaterra de las perspectivas que ofrecía la pesca de las ballenas en los mares del sur, unilateralmente decidió cobrar impuesto a esta actividad aprovechando su asentamiento armado en las islas Malvinas. Por esa razón, en 1908 sancionó una carta patente en forma totalmente arbitraria adjudicándose, además de las Georgias y las Sandwich territorios argentinos y chilenos. Quedaría bajo su poder todo lo que estuviera al sur del paralelo 50 con lo cual se adjudicaba, además de las islas, la provincia de Santa Cruz, Tierra del Fuego, el sur de Chile y la península Antártica. Ese mismo año instaló en Grytviken un delegado del gobernador de las Malvinas.

OCTAVA INVASION INGLESA (25 de abril de 1982). El 25 de abril de 1982, el ministerio británico de Defensa anunció que sus fuerzas, luego de más de quince días de navegación por el Atlántico, habían desembarcado en las islas Georgias, para retomar el territorio de las islas Malvinas, que luego de infructuosas tratativas que se realizaron a nivel diplomático, había sido ocupado por  fuerzas del ejército argentino desde el 2 de abril de ese año, con el objeto de reasumir la soberanía de esos territorios, usurpados por la fuerza por Gran Bretaña en 1833, Esta vez, los invasores debieron agotar todos sus esfuerzos para lograr, tras casi dos meses de lucha, apoderarse nuevamente por la fuerza de  territorios de nuestra pertenencia.

2 Comentarios

  1. Eduardo José Lagilla

    un trabajo excelente me tome la libertad de copiarlo para leerlo y estudiarlo detenidamente ya que nuestro Internet en nuestra zona es errático gracias

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  2. Anónimo

    Esta bueno

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