LA CALLE CORRIENTES EN BUENOS AIRES (1738)

La avenida Corrientes en Buenos Aires, es un emblema de la actividad teatral y de la vida nocturna de la ciudad, por lo que llegó a ser conocida en el mundo, como «la calle que nunca duerme».

En tiempos de la colonia, cuando desaparecieron las tunas y los arbustos y aparecieron las casas de adobe y las pulperías, formó parte del “barrio recio” y ya en 1738, solo era un simple sendero de tierra denominado “Sendero del Sol”, porque desde allí se podía ver la salida del Sol sobre el río de la Plata. Se abría paso desde la línea de la costa del Río de la Plata, que llegaba a la altura de la actual avenida Leandro Alem y desaparecía entre los campos del oeste.

En unos años, cuando desaparecieron las tunas y los arbustos y aparecieron las casas de adobe y las pulperías, formó parte del “barrio recio”.

En 1729, DOMINGO DE ACASSUSO construyó, donde hoy se encuentra el Obelisco, el templo de «San Nicolás de Bari», en cuya cúpula, en 1812, se izó la Bandera Argentina por primera vez en Buenos Aires y ya en 1738,  la conocían como la calle de San Nicolás, por la iglesia que, una vez demolida, cedió su lugar al Obelisco (ver Primera vez que la Bandera Argentina fue izada en Buens Aires).

En 1768 el Cabildo ordenó agregarle siete cuadras al “Sendero del Sol”, que incorporadas al éjido de la ciudad, permitió agrandar la planta urbana, pasando a ser esta calle, su límite norte y a ganar algo de importancia.

Hacia 1808, en reconocimiento al destacado trabajo que el regidor del Cabildo había tenido contra el enemigo en las dos invasiones inglesas, se la llamó “de Inchaurregui”. Recién en 1822 se convirtió en calle Corrientes, por el apoyo que esa ciudad mesopotámica le había dado a la Revolución de 1810.

Comienzo del fin de la “Corrientes angosta”
La decisión de convertirla en calle ancha venía de los tiempos en que BERNARDINO RIVADAVIA era secretario de Gobierno de MARTÍN RODRÍGUEZ en 1822. Quería que tuviera 30 varas (26 metros) de ancho, pero el proyecto no se llegó a materializar.

El tema se retomó recién en 1910, cuando el intendente JOAQUÍN MANUEL DE ANCHORENA, mediante una ordenanza, pidió ejecutar aquella iniciativa. Era el momento del Primer Centenario de la Revolución de 1810 y Buenos Aires aspiraba a destacar su condición de ser la “París de América del Sur”. Entonces ya se pensó en una nueva línea de construcción para la vereda de los números pares. Es decir: la más cercana a la paralela calle Lavalle, que debía ser totalmente liberada.

En 1928, el Gobierno Nacional contrató un empréstito con un Banco norteamericano para hacer frente a los gastos que demandará la expropiación de propiedades, que será necesario demoler, pero la crisis económica de 1929 obligará a suspender el proyecto.

Llegada la década de 1930, se vio la necesidad de adecuar el diseño urbano al crecimiento de la población y a los nuevos medios de transporte, para que, así como Corrientes, se ensancharan las avenidas Santa Fe (hacia el noreste), Córdoba e Independencia y Belgrano hacia el sur y se construyera la avenida Roque Sáenz Peña, cortando a Corrientes en diagonal.

Las obras comenzaron en 1931, durante la intendencia de JOSÉ GUERRICO,  con la demolición de los edificios que estaban ubicados sobre la vereda Norte, con el tramo comprendido entre las calles Paraná y Uruguay, dejó de ser angosta

Las tareas para el ensanche de ese primer tramo (entre Uruguay y Parará), finalizaron en 1936, habiendo perdido la primitiva calle Corrientes, el último tramo, (el que la conectaba con la avenida 9 de julio), lugar que luego de ser demolida la Iglesia de San Nicolás, fue ocupado por el Obelisco, un ícono de Buenos Aires, de 67,5 metros de altura.

Finalmente, el 12 de octubre de 1836, durante el gobierno del Intendente MARIANO DE VEDIA Y MITRE, se realizó la ceremonia de inauguración, dejando para el recuerdo, la “Corrientes angosta” y su típica esquina con Esmeralda, que se convertirá así, en un símbolo de la ciudad anterior a la modernidad.

Hoy, ya avanzado el siglo XXI, la “calle Corrientes”, todavía mantiene alguno de sus rasgos que la hacen referente de los porteños. Claro que no es lo mismo desde Callao hacia el Oeste, cuando deja atrás la zona de San Nicolás y atraviesa otros cuatro barrios (Balvanera, Almagro, Villa Crespo y Chacarita).

Lo que sí conserva en sus entrañas y a lo largo de sus nueve kilómetros, es el recorrido de la línea B del tren subterráneo. Su primer gran tramo entre las estaciones Lacroze y Callao se inauguró el 17 de octubre de 1930. El segundo, hasta Carlos Pellegrini, el 22 de junio de 1931. Y el tercero, hasta Alem, el 1° de diciembre, también de 1931. Su construcción, con Corrientes aún angosta, requirió mucho esfuerzo en el trabajo y también se llevó la vida de muchos obreros (ver Los Subterráneos de Buenos Aires).

La avenida Corrientes tuvo varios nombres
Cuando JUAN DE GARAY trazó la base de una ciudad en la orilla derecha del Río de la Plata, el 11 de junio de 1580, no existía siquiera la suposición de que sus caminos se convirtieran en símbolos fundamentales de la historia de Buenos Aires. Por sus calles, la ciudad dejó de ser aldea, con ellas se quiso recrear París y todas fueron bautizadas por el cielo, los santos y los hombres.

Después de las invasiones inglesas (1806/1807), se cambiaron a las calles los nombres del martirologio, por el de aquellos patriotas que se habían destacado en la defensa de Buenos Aires contra los invasores y en reconocimiento al destacado trabajo que el regidor del Cabildo había tenido contra el enemigo en las dos invasiones inglesas, se la llamó “de Inchaurregui”, en homenaje al regidor JOSÉ SANTOS DE INCHAURREGUI, que se había destacado en esas circunstancias (ver Cambio de nombre a calles de Buenos Aires).

Pero, luego de la Revolución de Mayo, se borraron los nombres de las calles que homenajeaban a españoles y en 1822, comenzaron a llamarla “Corrientes”, debido a que esa ciudad del litoral, había sido la primera en adherirse al movimiento patrio y así se llamó hasta que en 1822 se oficializó ese nombre.

En 1895, comenzó a llamarse Triunvirato, pero solamente al tramo que iba desde la actual avenida Ángel Gallardo hasta Canning (hoy Scalabrini Ortíz), continuando luego con el nombre de Corrientes hasta la avenida Congreso.

En 1900, volvió a llamarse Triunvirato en todo su recorrido y en 1927, pasó a llamarse nuevamente Corrientes desde la avenida Congreso y en 1937 ( hasta la actualidad) avenida Corrientes desde la avenida Eduardo Madero hasta Federico Lacroze, aunque para los porteños, a pesar de que ya había venido el ensanche, siguió siendo “la calle Corriente” (y no avenida), en recuerdo de aquellos tiempos en los que la gente se saludaba de vereda a vereda y el tranvía afeitaba el borde de los cordones (ver Las calles de Buenos Aires. Historias y orígen de sus nombres).

Curiosidades
En 1872, en la todavía, “calle Corrientes”, se inauguró el «Teatro Ópera», en la cuadra comprendida entre Esmeralda y Suipacha y entre Maipú y Esmeralda, el «Teatro Odeón» (hoy inexistente) y el «Polyteama», que fue destruido y varias décadas después fue reemplazado por un moderno teatro homónimo.

Hacia principios del siglo XX, se instalaron varios cafés y restaurantes que se mantenían abiertos por la noche a los que concurrían muchos músicos de tango. También en esta época muchos inmigrantes judíos, se instalaron con negocios desde la actual calle Uriburu hasta Centroamérica (hoy avenida Pueyrredón), en la zona que se conoce como “el Once”.

Lo mismo hicieron a partir de 1914, miembros de las comunidades de los sirios, armenios, libaneses, judíos sefardíes y de la Europa Oriental, perseguidos por causas religiosas o como consecuencia de la primera guerra mundial.

En julio de 1890, durante la llamada «Revolución del Parque», la avenida Corrientes y sus aledaños, fueron lugares de cruentos combates. La azotea del teatro “Politeama” los techos de la Iglesia de San Nicolás y la esquina de la calle “Paraná”, fueron escenario de ese inútil y despiadado enfrentamiento entre hermanos.

Algunos nombres famosos que pasaron al olvido por el “ensanche”
La fama de la vida nocturna sobre la calle Corrientes se basaba en los muchos teatros, cinematógrafos, cafés, confiterías y restoranes, que se instalaron a todo su largo, desde Callao hasta Leandro Alem.

En 1924, al avanzar las obras de ensanche, fue necesario demoler el “Circo Hipodrome” que estaba en la esquina de Corrientes y la actual Carlos Pellegrini. En él habían actuado figuras muy populares del Teatro argentino, entre ellas el payaso, acróbata y director circense FRANK BROWN, nacido en Inglaterra y muy querido por los porteños de varias generaciones, algunos de los cuales disfrutaron siendo niños su costumbre de repartir golosinas luego de la matiné

Desapareció la pulpería El Caimán (aquella que estaba en el cruce de Corrientes con Suipacha, luciendo sus toneles de vino en la calle para que fueran referencia) ni en el cruce con “Reconquista”, la casa de MARIE ANNE PÉRICHON DE VANDEUIL, casada con THOMAS O’GORMAN, a quien todos conocían como “la Perichona” y que cuando su marido la abandonó, fue la amante de SANTIAGO DE LINIERS.

También tuvo que desparecer de la calle Corrientes, la Antigua Pastelería “Reybaldi y Gaudini”, que estaba en la esquina con la calle Suipacha, que se destacaba por el famoso pan dulce artesanal que elaboraba. Después, en el cruce con Esmeralda, la familia REYBALDI instaló la “Confitería del Buen Gusto”, frente al café “Guaraní”, donde solían parar CARLOS GARDEL y JOSÉ RAZZANO.

La lista podría convertirse en interminable si se mencionaran todos los lugares. Pero algo de lo que se llevó la piqueta del ensanche y que merece destacarse es el viejo Teatro de la Ópera que cayó en 1935 (ver Cines y Teatros que ya no están en Buenos Aires).

De todas maneras, algo de la vieja bohemia se mantuvo porque calificaron a Corrientes como “la calle que nunca duerme”. Y como contraposición al primitivo nombre de Sendero del Sol, también la llamaron Sendero de la Luna, en alusión al mundo nocturno que se vivía en las décadas de 1940 y 1950, con el tango como protagonista central de bares y cabarets.

Información enriquecida con datos extraídos de una nota del historiador Eduardo Parise.

6 Comentarios

  1. Silvia Finino

    Lamento mucho que los comentarios y relatos acerca del ensanche de Corrientes ocurrido en la década del ’30 se copien unos a otros y que sea imposible encontrar alguno diferente, más pormenorizado, porque parece que dichas obras hubieran concernido solamente a la vereda norte entre Uruguay y Paraná… nada se dice del resto de las cuadras ni de su demolición. De modo tal que el investigador, o simplemente el curioso, debe contentarse con la simple observación y lo poco que dicen los textos consultados….una pena

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    1. Horacio (Publicaciones Autor)

      Silvia: Nuestra página sed refiere a hechos producidos hasta 1930. El ensanche de la calle Corrientes comenzó recién en 1931 y es por esa razón que no ha encontrado aquí, nada referido a esa obra. Le recomiendo conseguir un trabajo editado por el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en 1986. Se llama «Buenos Aires nos cuenta» y en el número dedicado a esa calle porteña, hallará toda la información que busca. Suerte.

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  2. Osvaldo Rubén Vardaro

    Alguien sabe una proveeduría de artículos de sastrería llamada la fama aproximadamente en 1920 en la calle corrientes a qué altura quedaba muchas gracias.contestar a ovardaro@gmail.com

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  3. Anónimo

    Comparto lo que escribe el señor Vardaro, no me queda claro que si las obras se iniciaron entre Paraná y Uruguay (¿En qué dirección continuaron?) la inauguración se produjo en F. Lacroze. Además, si durante 1929 se suspendieron las obras…¿Es posible que en apenas un año se inaugurara la Avenida? Me parece increíble

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    1. Horacio (Publicaciones Autor)

      Señor Anónimo: Según lo consigno en mi página, las obras para el ensanche de la Avenida Corrientes se iniciaron en 1931 y finalizaron en 1936

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  4. Anónimo

    Omití dar mis datos. No tengo los otros solicitados

    Norberto Angiocchi
    4501-8529

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